Hay un capítulo del libro de Judt que se titula “Comunidad, confianza y fines comunes”. Empieza su exposición diciendo que “toda empresa colectiva requiere confianza” y se basa en el hecho (dicho con trazo grueso) de que si yo pago un impuesto, confío en que los demás también lo hagan, y confío así mismo en que los administradores de ese impuesto lo utilicen cabalmente, y lo gasten en cosas de las que tal vez no nos beneficiemos personalmente, pero sí lo hará la comunidad. Ahora, sólo haría falta encontrar el “fin común”, pero esto siempre sería más fácil en comunidades homogéneas. De la homogeneidad salta a la igualdad de renta, aunque también se fija en la igualdad de cultura, historia y “visión moral”. Y de ahí pasa a la necesidad de que exista una cultura predominante para que el Estado del Bienestar se desarrolle convenientemente.
Es una pena que el capítulo sea corto y no desarrolle más esta idea algo más en profundidad. En apariencia, es impecable: sociedades cerradas, pequeñas, educadas y autosuficientes, moralmente superiores, en donde prospera la confianza y la solidaridad y en donde todos tienen un fin común. Pero tengo una mala noticia: ese mundo no existe. Y una buena: afortunadamente porque, cuando existía, te sacaban las muelas sin anestesia.
Judt va contra el tiempo y aplica recetas que no son posibles. Cierra los ojos ante un mundo que ha cambiado y sólo se le ocurre la nostalgia. Los países europeos se han desarrollado, han prosperado económicamente. ¿Quién nos limpia la casa ahora? ¿Otras españolas, con una “visión moral” como la nuestra o una búlgara, una marroquí o una ecuatoriana, cada una con su "visión moral"? ¿De qué “visión moral” habla Judt? Las sociedades cambian, se transforman, y con ellas, la "visión moral". Y no sólo por la inmigración, sino por muchas otras cosas. Pero en la prosperidad esto no constituye un problema, al contrario: tenemos muchas otros ritmos para mover las caderas en el baile del pueblo.
“... hay indicios claros de que si el tamaño y la homogeneidad son importantes para generar confianza y cooperación, la heterogeneidad cultural o económica puede tener el efecto opuesto. El incremento continuado del número de inmigrantes, particularmente de inmigrantes del «Tercer Mundo», guarda una estrecha correlación en los Países Bajos y en Dinamarca, y desde luego en el Reino Unido, con un marcado declive de la cohesión social. Por decirlo sin ambages: a los holandeses e ingleses no les entusiasma compartir sus Estados del bienestar con sus antiguos súbditos coloniales de Indonesia, Surinam, Pakistán o Uganda; entretanto, a los daneses, como a los austríacos, les agravia «mantener» a los refugiados musulmanes que han llegado a su país en gran número en los últimos años”
Yo no creo que sea una cuestión de agravios o de desconfianza, la verdad. Mi opinión es que los Estados europeos de nuestro entorno no han sabido transformarse al mismo tiempo que la sociedad, que va por libre, y de un mundo que tiene otros países a considerar. Otros países que han evolucionado y han mejorado, porque también quieren vivir mejor y están en su derecho, aunque a Judt no le acabe de gustar. La mejora de las comunicaciones, de un lado, y la necesidad de mano de obra en los países desarrollados han cambiado con respecto a 1948, y en los últimos 20 años, nuestro crecimiento se ha producido de una forma muy diferente a como se produjo en los años 50 y 60. Porque - y no me cansaré de hacer esta crítica al libro de Judt - la situación de partida era diferente. Era diferente. Era diferente. Porque 10 años antes había habido una guerra. Porque 10 años antes había habido una guerra. Porque 10 años antes había habido una guerra. Justamente, debemos cambiar la receta porque los ingredientes no son los mismos. El mundo ha cambiado, sí, pero ya había cambiado en el año 73, por darle una cifra fea. Y los Estados europeos no han sabido leerlo, no han sabido adaptarse, no han tenido la imaginación que sí han tenido en otros lugares.
Echamos la culpa a la inmigración de muchos de nuestros males, pero yo creo que es una cuestión de números. Los Estados han utilizado la mayor recaudación producida por el progreso en aumentar hasta extremos absurdos el estado del bienestar, en vez de mantenerlo en una calidad aceptable para un mayor número de personas, para nuevos vecinos. Cuando el dinero sobraba, no se han bajado los impuestos, sino que se han dado más servicios, y en su gran mayoría no son de primera necesidad. Y además, han creado estructuras enormes para hacer cosas que no deben hacer y que cuestan dinero. En este punto, no es que no se quiera compartir el Estado del Bienestar, es que no se puede compartir este Estado del Bienestar. Pero sí se podría compartir un Estado de Bienestar más austero, más centrado en las verdaderas necesidades. Pongo un ejemplo fácil: En el Hierro NO ES NECESARIO tener WIFI gratis en toda la isla, como tampoco lo es tenerla en las paradas de autobús madrileñas. En vez de gastarnos el dinero en eso, gastémoslo en cosas necesarias.
Ha faltado el liderazgo para integrar y estructurar la nueva sociedad. El resultado está a la vista: los partidos nacionalistas aumentan, las sociedades europeas cada vez se encierran más en sí mismas, piden cierres de fronteras... Y después de leer este capítulo, no sé si Judt no estaría a la cabeza de la manifestación...
¿Qué opináis? (siempre dudo si poner esta frase al final del post o enviársela a mis co-bloggers por Whasapp...)

