La casa de la alegría se desarrolla en un ambiente social muy particular, como es la clase alta neoyorkina de principios de siglo XX.
Contrapuesto a la idea que hoy en día tenemos de lo social, la idea de interrelación, de "partage", de mantequilla con la que extender la igualdad, de beneficio comunitario, en La casa de la alegría lo "social" se refiere al ambiente cerrado, restringido, propietario: una especie de prisión alegre en la que todo el mundo quiere entrar, pero en el que el derecho de entrada es caro en lo económico y en lo personal. Se trata, La casa de la alegría, de una casa en la que no hay escaleras, tan sólo puertas cerradas que raramente se abren hacia dentro.
Se lee mucho la palabra social en este libro. "Todo" es social. Y el adjetivo no sólo matiza, sino que cambia radicalmente el sentido del nombre al que va atribuido, y lo hace pasar de algo abierto y humano, a algo cerrado y opresivo.
Me he distraído recopilando los conceptos que, de pronto, son llamados sociales y recogen ese atributo, aunque en ese sentido restrictivo. Algunos son intuitivos y bastante usados, pero hay otros muy sorprendentes. Veamos cómo utiliza Edith Wharton la palabra "social":
- Personalidad social
- Inquietud social
- Ascenso social
- Ascendencia social
- Aislamiento social
- Mezquindad social
- Círculo social
- Conveniencia social
- Disciplina social
- Damas socialmente oscuras
- Talento social
- Ambición social
- Hábito social
- Relaciones sociales
- Fluctuaciones sociales
- Escenario social
- Sanción social
- Axioma social
- Reconocimiento social
- Criterio social
- Escala social
- Contacto social
- Aptitudes sociales
- Rehabilitación social
- Suburbio social
- Estercolero social
- Vida social
- Diferencia social
- Experiencia social
- Indolencia social
- Existencia social
- Inexistencia social
- Corriente social
- Antagonismo social
- Posición social
- Norma social
- Crédito social
- Desarrollo social
- Tapiz social
No descarto haberme saltado alguna, porque ya veis que la variedad y el número de veces en los que utiliza la Wharton la palabra es enorme. Pero me ha parecido una buena idea para mostrar dónde se desarrolla el libro, y para hacer entender que, en realidad, el verdadero protagonista en este libro de Edith Wharton es ese entorno social cerrado sin el cual, la historia de Lily Bart (aparente protagonista) no tendría ningún sentido.
Un lugar para hablar de libros a fondo, sin miedo a contar nada que no sepas. Si ya estás aquí, es que vienes leído de casa.
sábado, 8 de marzo de 2014
sábado, 1 de marzo de 2014
La casa de la alegría, de Edith Wharton
Hoy, como cada primero de mes, renovamos libro en nuestro Club de lectura. En esta ocasión, se trata de La casa de la alegría, de Edith Wharton, un libro propuesto por Newland, aunque la culpa de todo es del Atleti, puesto que este libro quedó empatado con Dickens y quiso el azar fiar el desempate a la capacidad del Atleti para sacar un miserable punto frente al Español.
Así es que leemos este libro porque el Atleti no se puso de líder en la liga en Noviembre. Pobre Atleti: lo que mal empieza, mal acaba...
En fin, el libro de Edith Wharton cuenta la historia de Lily Bart, una señorita de la alta sociedad neoyorkina venida a menos que busca permanecer en ella a través del matrimonio con un hombre rico, sin cuya fortuna ella no puede mantener el tren de vida que esa sociedad exige. O sea, el Atleti en estado puro...
Os dejamos con la introducción del libro, y, como cada mes, encontraréis las reseñas y la opinión de los participantes del club, enlazados abajo.
Buena lectura a todos.
Huérfana a los diecinueve años, Lily Bart es acogida por una tía en el seno de los más antiguos clanes de la sociedad neoyorquina. Diez años después, aún no se ha casado, y ni su exigua renta personal ni la generosidad condicional de su protectora han hecho nada para favorecer su independencia.
La casa de la alegría se publicó por entregas en Scribner's Magazine de enero a noviembre de 1905. Ese mismo año, en octubre, apareció en forma de libro (Charles Scribner's Sons, Nueva York); sobre el texto de esa edición se basa la presente edición. El título de la novela es una alusión a Eclesiastés, 7:4: «El corazón de los sabios habita la casa del duelo pero el de los locos habita la casa de la alegría». Edith Wharton se negó a incluir la cita en la portada de la primera edición, como pretendían sus editores.
Otras reseñas en:
DELENDA EST CARTHAGO, por @Newland23
LA MESA CERO DEL BLASCO, por @Desgraciaito
LA ORIGINALIDAD PERDIDA, por @Pau_1975
LO QUE PASA EN MI CABEZA, por @Bich75
UN MUNDO PARA CURRA, por @C_Jimenez10
Y puedes seguir nuestros comentarios también por Twitter, en @_lectores_
sábado, 22 de febrero de 2014
Noche salvaje: a falta de un hervor
A estas alturas del mes, ya pocos de nuestros seguidores no saben que el libro de Jim Thompson, Noche salvaje, es una novela digamos... digamos... ¿Cómo diríamos? Da igual. Digamos lo que digamos, para la posteridad queda ese editor que la ha calificado como la mejor novela de Jim Tompson y cuya opinión va y viene, como la falsa moneda, que de mano en mano va, y ninguno se la queda. Bichejo, en el anterior post, incluso trató de encuadrarla en algún género, y gracias a que decidió terminar el post, que si sigue un par de párrafos termina por situarla el género achilipú. Ciencia ficción, nos decía, WTF, nos hemos dicho todos al transitar por ese final de la novela tan accidentado. Sí, tan accidentado, porque un final así de raro sólo puede ser un accidente.
La novela se deja leer, pero cabe considerar que los carteles del metro también se dejan. O sea, que hay que pedir algo más que un montón de personajes apilados hablando entre ellos y transitando por las escenas de la historia. Porque la historia es buena, la idea tiene su aquel, pero después está escrito como con precipitación, como si el autor tuviera muchas ideas y no supiera ordenarlas. O como si tuviera prisa por contárnoslo. O como si fuera un primer borrador sin terminar. Por ejemplo, se le olvida contarnos quién trata de matar al protagonista encerrándolo en el congelador aquel, o la trama con los viejecitos de la gasolinera, que no se acaba de entender bien. En fin, el pobre lector tiene que penar con el lío que se le forma a lo largo del libro, y ya de una forma dramática cuando llega al último capítulo, que está escrito para que no se te olvide nunca, porque te lo tienes que leer unas cincuenta veces hasta que llegas a la conclusión de que no es un problema de idioma.
Y fallan también los personajes, que están mal dibujados. Son como una acuarela con chorretones, un dibujo descuidado. El asesino, aparte de ser como un hombre poco hecho - Bichejo dixit -, es que además le falta un hervor. Dejo de lado su aspecto ridículo y su incomprensible éxito con las mujeres para asombrarme con su profunda imbecilidad en casi todas las decisiones que toma. Esto en alguien de quien el autor nos dice que es un asesino escurridizo. Y a mí me viene a la cabeza el chiste aquel sobre la diferencia entre retorcer y escurrir, con la consiguiente confusión entre escurrir y discurrir, y va y me sale Charlie Bigger.
El resto de los personajes también tienen un comportamiento extrañísimo. El Jefe, que no entiendes por qué ordena matar al esbirro; el pensionista, que no sabes por qué se comporta con tanta solicitud; la mujer del corredor, que no entiendes si va, si viene, si se queda, si está de paso o si es que tiene que haber de todo y ella lo resume; el corredor, del que no se sabe si se coge las cogorzas porque se barrunta algo o por pura costumbre; el sherif, que primero desconfía y luego demuestra un candor propio de la casa de la pradera; y así todos los personajes, que parecen sacados de otras novelas, de otras historias y hasta de cualquier periódico, pero cada uno de una noticia diferente. En realidad, el autor se las apaña de tal forma que, del único personaje del que podemos decir cabalmente de qué pie cojea es Ruth, pero eso es porque le falta la mitad de la pierna izquierda.
No puedo terminar el post sin hablar de las cabras del final de la novela. Bueno, o tal vez sí.
Fin del post. Ea.
La novela se deja leer, pero cabe considerar que los carteles del metro también se dejan. O sea, que hay que pedir algo más que un montón de personajes apilados hablando entre ellos y transitando por las escenas de la historia. Porque la historia es buena, la idea tiene su aquel, pero después está escrito como con precipitación, como si el autor tuviera muchas ideas y no supiera ordenarlas. O como si tuviera prisa por contárnoslo. O como si fuera un primer borrador sin terminar. Por ejemplo, se le olvida contarnos quién trata de matar al protagonista encerrándolo en el congelador aquel, o la trama con los viejecitos de la gasolinera, que no se acaba de entender bien. En fin, el pobre lector tiene que penar con el lío que se le forma a lo largo del libro, y ya de una forma dramática cuando llega al último capítulo, que está escrito para que no se te olvide nunca, porque te lo tienes que leer unas cincuenta veces hasta que llegas a la conclusión de que no es un problema de idioma.
Y fallan también los personajes, que están mal dibujados. Son como una acuarela con chorretones, un dibujo descuidado. El asesino, aparte de ser como un hombre poco hecho - Bichejo dixit -, es que además le falta un hervor. Dejo de lado su aspecto ridículo y su incomprensible éxito con las mujeres para asombrarme con su profunda imbecilidad en casi todas las decisiones que toma. Esto en alguien de quien el autor nos dice que es un asesino escurridizo. Y a mí me viene a la cabeza el chiste aquel sobre la diferencia entre retorcer y escurrir, con la consiguiente confusión entre escurrir y discurrir, y va y me sale Charlie Bigger.
El resto de los personajes también tienen un comportamiento extrañísimo. El Jefe, que no entiendes por qué ordena matar al esbirro; el pensionista, que no sabes por qué se comporta con tanta solicitud; la mujer del corredor, que no entiendes si va, si viene, si se queda, si está de paso o si es que tiene que haber de todo y ella lo resume; el corredor, del que no se sabe si se coge las cogorzas porque se barrunta algo o por pura costumbre; el sherif, que primero desconfía y luego demuestra un candor propio de la casa de la pradera; y así todos los personajes, que parecen sacados de otras novelas, de otras historias y hasta de cualquier periódico, pero cada uno de una noticia diferente. En realidad, el autor se las apaña de tal forma que, del único personaje del que podemos decir cabalmente de qué pie cojea es Ruth, pero eso es porque le falta la mitad de la pierna izquierda.
No puedo terminar el post sin hablar de las cabras del final de la novela. Bueno, o tal vez sí.
Fin del post. Ea.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Novela negra de ciencia ficción
Prácticamente no he leído novela negra. Misterio mucho, pero novela negra, nada. Creo. Que yo me pierdo un poco con esas catalogaciones de algunos géneros. Mis libros en Calibre son de intriga, misterio, asesinatos indistintamente, lo que me facilita mucho la búsqueda (#NO), y tampoco tengo muy claro según qué criterio los pongo en uno u otro.
Asesinatos son los de Agatha Christie. Intriga y misterio se mezclan: en principio intriga son los de intrigas palaciegas, politiqueos y cosas así y misterio otros muertos que nos son los de Dame Agatha, pero es un concepto difuso, porque en los de intriga palaciega a veces hay muertos, y en los de misterio a veces hay una corrupción detrás
Así que yo no tengo muy claro si esto de verdad es novela negra. No sé qué reglas debe cumplir una novela para ser negra.
Pero este libro es pura ciencia ficción. Eso es así y es así. Porque si no, que alguien me explique cómo tiene sentido que un pobre hombre que es canijo, medio tuerto, le faltan dientes y está en general como poco hecho tiene a dos mujeres rendidas a sus pies.
Vale, sí, el amor no es tan superficial como yo ni entiende de esas cosas, y que te enamoras y al poco hecho le ves perfecto y es todo maravilloso y ni te das cuenta de nada porque para ti es el más mejor...pero es que aquí no es amor, es pura lujuria. Es incomprensible. En la página dos y ya tiene a dos bebiendo los vientos por él. Pero loquitas, como si fuese un dios aparecido.
Y no me hagáis hablar de las cabras. O las ovejas. O lo que sea. Porque el último tramo del libro parece recortado de otra novela y pegado ahí a piñón.
Disclaimer: ninguna oveja o señor poco hecho han sido dañados en la realización de este post tan absurdo (su ego a lo mejor). Mi nuevo propósito es, otra vez, hacer un post, aunque sea frívolo, corto y de poco lista, de cada libro.
domingo, 16 de febrero de 2014
La novela negra
Bueno, visto que del libro de este mes no parece que haya muchas ganas de escribir... me he decidido por hablar de novela negra. Así, en general.
A mí me gusta bastante la novela negra en general y leo desde los clásicos como Hammett o Chandler hasta los actuales como Nesbo, Donna Leon, Xiaolong, Cornwell o Anne Holt. Cierto es que mi conocimiento es bastante superficial porque es un campo inmenso y yo leo otras cosas, pero de vez en cuando me gusta leerme un libro que me enganche y que me tenga intrigado.
Dentro de los libros de novela negra me gustan más en los que al final se descubre al malo, al asesino, y le pillan. También hay una cierta tendencia a que el malo se salga con la suya, pero yo no soy tanto de eso. Claro, también hay otros, como el que nos hemos leído, en los que el final es completamente inentendible. Y eso tampoco me gusta, la verdad.
Yo soy una mente simple y necesito historias, que pueden ser enrevesadas, pero sin flashbacks ni saltos en el tiempo ni cosas así. Los finales de birlibirloque en los que por arte de magia aparecen cosas que nos habían escondido tampoco me gustan. Por otro lado sí que me gusta ir anticipando lo que va a pasar, aunque muchas veces me equivoque. Y ese momento en el que todo se aclara y encaja es mágico. De repente dices no me jodas que va a ser este! Y parece que el universo se ha ordenado de repente y todo está en su sitio. Claro, que libros de esos hay pocos. El último que recuerdo así es el último de Jo Nesbo de su serie Harry Hole, el muñeco de nieve.
Volviendo un poco al libro de Thompson... en fin, es un libro bastante lamentable porque no tiene historia. Bueno, sí que la tiene, pero no interesa. Es demasiado simple y cuando vienen las complicaciones no es por la trama en sí, sino porque no se entiende. Y una novela que no se entiende es una mala novela, pero una novela negra que no se entiende es un horror que no se lo recomiendo a nadie. Y menos a mis compis del club.
Ya es mala suerte que de los ocho libros que me he leído de Thompson este sea el peor con muchísima diferencia, a pesar de lo que dijere su editor al que ya tengo yo por una persona poco relacionada con la verdad, bien sea por demencia o por afición a la mentira.
¿Maldición? Tal vez, no tengo una explicación clara para que prácticamente libro que tocamos, libro que gafamos. A lo mejor vivimos dentro de una novela negra y tenemos que resolver el misterio del libro pesado... a lo mejor uno de nosotros es el asesino... del libro interesante... o a lo mejor somos todos en plan asesinato en el Orient Express...
Y si no decidme. Este libro ni siquiera ha merecido su post mensual diciendo que nos lo hemos leído y si no es por mí y este post desesperado no quedaría ni rastro de él. Hubiera sido un crimen perfecto, sin cadáver, sin etiqueta en la barra del blog y sin pistas... a lo mejor me he pasado de listo. Ya sabéis que siempre hay un listillo al que se cargan pronto, por lo general al amigo loco del primer muerto...
Y, en este caso, ¿quién era el amigo del muerto? ¿quién propuso el libro? ¿quién está removiendo el pasado y encontrando pistas comprometedoras? ¿quién está husmeando demasiado?
...
(continuará, o no...)
martes, 28 de enero de 2014
Moral individual y necesidad colectiva ¿un falso conflicto?
Voy a retomar una idea que dejaba ND en su anterior
post, cuando nos hablaba de la vida de Koestler, el autor elegido este mes. Nos
hablaba de Koestler como "un hombre que encontró en el comunismo una dialéctica que le permitía obtener respuestas
y un esquema del mundo simplificado y entendible..., aunque estaba siempre
preguntándose por todo y siempre insatisfecho”. Y luego citaba al biógrafo,
cuando habla que a lo largo de su vida se interrogó “ sobre el conflicto entre
las necesidades colectivas y la moral individual, a menudo resumidas en la
batalla entre el fin y los medios”. Yo voy a recoger una muestra de este conflicto, tal y
como aparece en el libro.
En un momento del interrogatorio que Rubachov sufre a manos
de Gletkin, éste le dice:
- La experiencia enseña... que hay que dar a las masas una explicación sencilla y fácilmente inteligible de todos los fenómenos difíciles y complejos...”
Aquí tenemos la primera parte del conflicto, la que nos
habla de las necesidades colectivas. El mensaje sencillo y fácilmente
inteligible tiene el valor de la eficacia. Debemos dirigirnos a muchas
personas, cuyo nivel de entendimiento y conocimiento es muy dispar, para lo que
hay que acostumbrar el mensaje al mínimo común comprensible. El mensaje debe llegar a todos,
debe tranquilizar, debe satisfacer con una única respuesta muchas preguntas. Es
evidente que el mensaje debe ser básico, corto y genérico.
Y sin embargo, lo cortés no quita lo valiente. Pondré como
ejemplo la información meteorológica. Al final, el mensaje sencillo es el
resumen “lloverá, hará sol, soplará el viento”. El mensaje simple satisface la
necesidad básica de conocimiento y el interés práctico por el futuro. Pero si
ves los espacios de televisión dedicados al tiempo, entonces ves cómo se aborda el
asunto con mucha más complejidad, y no se renuncia a dar toda una serie de
explicaciones que, en realidad, aportan poco al mensaje final que se quiere colocar
sobre el tiempo que hará mañana. Ahí tenemos el frente anticiclónico, las
líneas isobáricas, las mediciones de los vientos, las imágenes de los
satélites. Es fascinante, porque el 90% de las personas no sabrían decir
exactamente qué es un frente de bajas presiones, pero tienen la información a
disposición.
Algo más cercano a la recomendación es la prescripción médica. "Tome esto y se curará la tos" le dice al paciente. Es un mensaje simple. Pero
esto no impide que en el prospecto del medicamento estén descritos los
componentes, las indicaciones y contraindicaciones, el modo de conservación, la fecha de caducidad, las instrucciones
de empleo, el precio y hasta el enclave de la fábrica y el laboratorio.
Donde yo quiero llegar es a que el mal no está en simplificar la
información, sino en hurtar el detalle con fines inconfesables. En el límite,
todos los asuntos de la vida son complejos, y explorarlos, explicarlos y conocer las claves
de un fenómeno depende de la disponibilidad de la información, de la
curiosidad y el ánimo de aprenderla, y de la voluntad de proporcionarla. Quiero decir que en sí misma, la
satisfacción de las necesidades colectivas no dependen de lo grande o ignorante
que sea el colectivo, al menos en el caso de la necesidad de información, que es de lo que habla Gletkin.
Para ilustrar la segunda parte del conflicto, seguimos a
Gletkin en el interrogatorio, unos párrafos más adelante:
- Si se dijera a la gente de mi pueblo... que ellos siguen siendo torpes y atrasados... no se conseguiría nada. En cambio, si se les dice que son héroes del trabajo, que su rendimiento es superior al de los yanquis, y que todo lo malo es por culpa de los demonios y los saboteadores, esto ya les impresiona. La verdad es lo que es útil a la Humanidad; la mentira, lo que es nocivo.
La dialéctica es perversa, y mucho. Porque justifica una
elección moral, individual, gracias a unas necesidades colectivas que pueden
ser reales (la motivación en el trabajo lo es). El carcelero hace un cóctel
siniestro y se rinde al dios del pragmatismo, de la practicidad, de la utilidad.
Pero hay una trampa, naturalmente, y Koestler nos la deja ver. Y es que la
mentira no es una necesidad colectiva, no hay tal conflicto, o no al menos en los términos que nos propone Gletkin. El medio que se utilice puede ser otro para satisfacer el fin, o dicho de otra forma, cabe
preguntarse qué fines reales persigue la mentira como medio. La confusión es
pasmosa y la simplificación intelectual es estremecedora.
El libro creo que nos explica que no hay que perder el tiempo en combatir esta dialéctica siniestra desde
la moral o desde la lógica. Creo que Koestler nos propone que ir al terreno de la propia
utilidad, ésa misma que, siendo legítima, los ideólogos de las masas convierten en
indecente. Porque si la verdad es lo que es útil a la Humanidad ¿Quién decide lo que es útil? ¿Esa utilidad es universal o deja fuera a alguien, exige que se
sacrifique a alguien? Y aquí está la pregunta más útil que Koestler nos deja con
maestría: ¿Cómo estás seguro de que ese alguien no serás mañana tú?
miércoles, 15 de enero de 2014
Koestler y el cero y el infinito
Este mes, además de leerme el cero y el infinito, me estoy leyendo una biografía sobre Arthur Koestler que me está gustando mucho. Se llama "the indispensable intellectual" y es un tocho bastante importante. No creo que me de tiempo acabármelo en el mes a pesar de que llevo desde hace dos semanas con él, pero el caso es que con lo que llevo leído (como un tercio o así) da para contaros algunas cosas de Koestler y de la escritura de el cero y el infinito.
Así que no voy a hablar de la filosofía y de las ideas del libro del mes, sino del autor y del libro. Las digresiones sesudas se las dejo para la gente del club con más mollera.
Arthur Koestler fue un niño mimado, aunque lleno de inseguridades y que realmente ya anunciaba desde pequeño una dualidad maniaco-depresiva intercalando periodos febriles con otros de abatimiento y autoflagelación.
Su madre le puso el nombre de Arthur porque era un nombre que no era húngaro (ella era vienesa) para claramente indicar que ellos no eran de allí. Para más inri, Koestler tenía un problema al pronunciar las r (ya podían haberle llamado Luis o Jacobo...) que le trajo de cabeza en el colegio. A eso se unía que era muy bajito, totalmente incapaz de trabajo físico coordinado, y bastante repelente niño Vicente. También tuvo una extracción de anginas de esas de antes sin anestesia ni nada que le dejó con un trauma importante. Ya podéis ver que tenía de todo.
De todo y más. Además de todo esto era un mujeriego incapaz de ser fiel a ninguna mujer y de estar con muchas durante toda su vida. Una de sus novias encontró una lista de las chicas con las que se había acostado a lo largo de su vida y tenía unos cien o doscientos nombres... ¡y eso cuando tampoco había vivido mucha vida!
Estudió ingeniería, aunque nunca terminó la carrera. Poco a poco fue entrando en su vida la política, las fraternidades universitarias y su religión (él era judío no practicante, o no mucho). Abandonó la universidad y se marchó a Palestina a trabajar en un kibbutz, lo que fue un desastre porque lo de romperse el espinazo trabajando no iba con él. Empezó a trabajar como periodista viendo que aquello sí que podía ser su futuro.
Después del sionismo llegó el comunismo. Encontró en el comunismo y en sus compañeros lo que estaba buscando: un sentido de pertenencia, una dialéctica que le permitía obtener respuestas y un esquema del mundo simplificado y entendible y, sobre todo, la posibilidad de triturar en las discusiones a cualquiera que se pusiera por delante. Realmente buscaba en el comunismo lo mismo que en el sionismo, aunque no lo encontró en ninguno de los dos: él era culo de mal asiento y estaba siempre preguntándose por todo y contínuamente insatisfecho.
Como dice Michael Scammell en el libro: "His response to those movements and their value systems took the form of a lifelong interrogation of the problem of individual freedom and the ethics of choice, and the conflict between collective necessity and individual morality, often summarized as the battle between ends and means" (su respuesta a esos movimientos y a su sistema de valores adoptó la forma de una interrogación durante toda su vida sobre el problema de la libertad individual y la ética de la elección, y el conflicto entre la necesidad colectiva y la moralidad individual, habitualmente resumida como la lucha entre los fines y los medios). A partir de ahora solo voy a poner mis traducciones para terminar en algún momento más o menos cercano en el tiempo con esta entrada.
En este periodo de máximo convencimiento comunista vino su visita a la Unión Soviética. Esta visita la hizo con la fe en su máximo apogeo y no reflexionó mucho sobre lo que vio. Aunque vio la miseria de Ucrania y vio que sus privilegios no eran los de la gente normal, ni mucho menos, no se le ocurrió pensar que algo no funcionaba. Nuevamente en el libro: "Koestler era capaz de recordar los detalles de ese invierno helador —y su terrible impacto en los campesinos hambrientos de Ucrania— con tremenda claridad unos diez, incluso veinte años después, pero en ese momento hizo todo lo que pudo para negar la evidencia delante de sus ojos. Weisskopf, un no-comunista, tuvo largas discusiones con Koestler y con Weissberg sobre la hambruna, y los dos últimos negaron su existencia, afirmando que solo los kulaks (y no los campesinos pobres) estaban sufriendo".
Es allí donde conoce a Nadezhda con la que se enrolla y a la que luego abandona. Es el modelo de Arlova en el libro. Ese sentimiento de culpa de Rubachov sobre el destino de Arlova está extraído del sentimiento de culpa por abandonar a Nadezhda. También hay que decir que ella le pegó la gonorrea.
Después de volver de la URSS se fue poco a poco distanciando del comunismo, o de su núcleo, surgiéndole cada vez más dudas sobre las respuestas que daba. Estuvo en el Madrid de la guerra civil y salió huyendo cuando se creía que Madrid iba a caer. Esto también le creó un sentimiento de vergüenza que puede que fuera lo que le motivó a que tiempo después fuera capturado en Málaga. Bueno, eso y que se había olvidado la máquina de escribir.
Capturado por los franquistas, estuvo varios meses en la cárcel de Sevilla temiendo por su vida. Incluso una noche llamaron a su puerta para fusilarlo, pero luego se aclaró que había sido un error. Toda esta estancia de Koestler en la cárcel es la que muestra de Rubachof en el cero y el infinito. Esa soledad, esos paseos dentro de la celda, el comunicarse con otros presos o los pensamientos cuando creer que puedes morir en cualquier momento están reflejados en el cero y el infinito a partir de su experiencia en España. Finalmente fue liberado, intercambiado por la mujer del capitán Haya. De hecho fue el propio Haya el que llevó a Koestler en un avión a Gibraltar a intercambiarlo por su esposa.
Bueno, a ver si no me disperso. Después de esto y de su separación y expulsión del partido comunista se puso a escribir el cero y el infinito. para Rubachof se basó en una mezcla de aspecto entre Leon Trotsky y Karl Radek cuyo pensamiento estaba más o menos basado en el de Bujarin durante su juicio. El resto de personajes (Loewy, Ivanov y Gletkin) también están basados en personas que conoció, aunque como he resumido antes, ahora no os voy a contar en quienes.
Termino indicándoos que parte del libro lo escribió mientras entraban los nazis en Francia y durante el gobierno de Vichy y más tarde mientras estaba internado en el campo de concentración francés de Le Vernet donde estuvo encerrado y cuyo internamiento le llevaría a escribir después "la escoria de la tierra". El libro lo escribió en alemán traduciéndoselo al inglés casi simultáneamente la mujer con la que estaba (Daphne Hardy).
Por último hay que decir que fue Daphne, mientras Koestler estaba internado, la que puso el título de Darkness at noonday (luego se quedó en darkness at noon) sin consultarle. El título que él había elegido era "el círculo vicioso" y Daphne se basó en un versículo de job "they meet with darkness in the daytime, and grope in the noonday as in the night" (De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche).
En fin, que tampoco quiero daros más la lata. Termino dando otra pincelada más de manos del autor de la biografía: "Aunque es una mezcla ostensible de Bujarin, Radek y Trotsky, Rubashov también encarna al Koestler de of 1938–39. Él es el zelote del partido que de repente despierta para descubrir que su fé de hierro se ha basado en una mentira, que los ideales a los que se había aferrado habían sido traicionados, y que la utopía que buscaba nunca podría realizarse en el movimiento al que pertence".
Para terminar, simplemente deciros que OS LEÁIS LA AUTOBIOGRAFÍA DE KOESTLER O ESTA BIOGRAFÍA QUE ME ESTOY LEYENDO YO o algo.
Para terminar, simplemente deciros que OS LEÁIS LA AUTOBIOGRAFÍA DE KOESTLER O ESTA BIOGRAFÍA QUE ME ESTOY LEYENDO YO o algo.
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