sábado, 26 de octubre de 2013

Y es que no se trata de leer cualquier cosa

Si algo me ha gustado del libro de Pennac es su calma al escribir, su dulzura, la forma en que deposita sus ideas sin agredir. Incluso aquello con lo que no está de acuerdo y aquello que rechaza lo expone con cariño, con un punto de comprensión, compasivamente pero sin condescendencia, sin altivez. Yo creo que Pennac, acostumbrado a tratar con niños y adolescentes, se empeña en sus ensayos a enseñarnos el camino sin obligarnos a tomarlo, porque recorre con nosotros los caminos alternativos para irnos diciendo cada cosa que no debemos aprender. Porque también se aprende de lo que no se debe aprender. Yo me entiendo.

Del libro de Pennac yo me quedo con la idea de leer para obtener la ración de ficción que necesitamos. Me encanta, porque despoja a la lectura de utilitarismo y la sitúa en el ámbito del placer. No hay porqués, no hay “para qués”, es simplemente tomar tu ración de ficción y engrasar la imaginación y volverte algo más niño, y olvidar las preocupaciones, las penas, la seriedad, las obligaciones. Todos leemos para informarnos, para aprender, todos leemos como necesidad o como obligación, e incluso hay quien se hace trampas al solitario, como aquellos que te dicen que leen novela histórica porque “así de paso, aprenden”. Pero en “Como una novela”, Pennac habla de otra cosa.

Leer simplemente por leer, para pasar el rato. La ración de ficción para alimentar la imaginación, la necesidad no sólo de evadirse, sino de toparse con lo desconocido, con lo inesperado, el placer de sorprenderse y de guardar en el espíritu otras ideas, otras soluciones, otros ambientes, otras situaciones muy lejos de nuestra realidad. Aprender no "de paso", sino encontrar el gusto de alimentar nuestra alma individual. No es alimentarse, sino aprender a disfrutar con los sabores, y apreciarlos. No se trata de sobrevivir, sino de vivir mejor, de cuidar nuestro espíritu.

Y eso impone una exigencia. Pennac critica sin remilgos lo que llama la “literatura industrial que se contenta con reproducir hasta la saciedad los mismos tipos de relatos, despacha estereoitipos a granel, comercia con buenos sentimientos y sensaciones fuertes, se lanza sobre todos los pretextos ofrecidos por la actualidad para parir una ficción de circunstancias, se entrega a “estudios de mercado”, para vender según la “coyuntura”, tal o cual tipo de “producto” que se supone que excita a tal o cual categoría de lectores”. “malas novelas...” que “no dependen de la creación... son una empresa de simplificación (es decir, de mentira) cuando una novela es el arte de la verdad (es decir, de complejidad), porque... adormecen nuestra curiosidad... el autor no se encuentra en ellas...

Pennac recorre el camino con nosotros, y nos acompaña para cuando se nos ocurra eso de “da igual lo que se lea, lo importante es leer”. No, no. Nos acompaña para decirnos que si hay toda una industria alrededor del libro es por la misma razón por la que proliferan los Mac Donalds. Y vale que nos guste tomar una hamburguesa de vez en cuando, pero no se debe confundir con alimentarse sólo de ellas. Por mucho que pasen el control de sanidad.

Este es, creo, uno de los fondos que nos transmite Pennac en "Como una novela"

domingo, 20 de octubre de 2013

Las expectativas y el relajo

Hoy me apetece hablaros de cosas de las que ya os he hablado, pero es que al proponer yo el libro de este mes y al haberme leído ya otro libro de este señor tenía ciertas intuiciones de que iban a volver a salir. Y como no está de más hablar de educación y es pertinente hacerlo, pues ¡vuelve la burra al trigo!

Uno de los puntos constantes en Pennac es que todos tenemos algo, todos valemos para algo y cada uno se enfrenta al mundo de una manera distinta. No existen los zoquetes, a pesar de que él se autodenomine zoquete. Es cierto que hay gente con más capacidad, o más lista si se prefiere, o con menos, pero no tonta (hablando de personas sin enfermedades).

Todos tenemos nuestro talento oculto y todos podemos llegar a un nivel medio de estudios si nos lo proponemos. Una de las conclusiones de un vídeo que os puse hace tiempo sobre el informe Pisa era precisamente que el dinero que se invierte en educación no es lo más importante (de hecho España es de la que más invierte respecto a PIB y es de las que peor está), sino la actitud de la sociedad hacia la educación, el no dejear a ninguno atrás y ser conscientes de que todos pueden aprender.

Hay países como Japón o Corea en los que TODOS los niños acaban el bachillerato. Y las cifras de fracaso escolar en España son bastante desalentadoras al respecto. Tiene que ver, como dice Pennac, con la manera de enseñar y enfrentarnos a ello. En el libro se refiere a la relación con la literatura, pero se puede extender al conocimiento y al estudio en general. Nadie aprende a golpes. Y ahí es donde está el problema, que hay mucha gente que no quiere aprender, mucha gente que no ve la utilidad, que no tiene motivación para continuar.

Una parte se explicará por los ejemplos sociales que tienen a su alrededor. Personajes que triunfan sin saber hacer la o con un canuto, presidentes de gobierno que no saben ni un idioma, presidentes de equipos de fútbol que no saben hablar, cantantes orgullosos de su ignorancia o gente orgullosa de seguir a Vargas Llosa sin haber leído nada suyo. Con esos mimbres nos sale este cesto.

Yo no sé cómo se hace para que nos salga una cosa mejor. Soy de la opinión que había que coger a todos los niños españoles, llevarlos a Dinamarca y que vuelvan dentro de veinte años una vez que hayan aprendido a ser civilizados y respetuosos con los demás, pero me temo que no sería realizable; sobre todo porque los daneses no dejarían entrar a semejante tropa.

Lo que sí que sé es que mientras no valoremos la educación, los buenos modales, el respeto, el valor del esfuerzo y el reconocimiento del mérito lo llevamos crudo. Y por lo que se ha visto hace poco, los mayores tampoco nos libramos. Somos peores que los jóvenes, más catetos e ignorantes que ellos, aunque para eso solo hay que ir al extranjero y sentir vergüenza cuando te encuentras con una recua de españoles desinhibidos.

¡Así nunca nos van a aceptar en Dinamarca! :´(

martes, 15 de octubre de 2013

Lo del decálogo


​Yo tenía que explayarme sobre esto, que es lo que me reconcilió con el libro y con este buen señor.

1. el derecho a no leer
Cada vez más a favor de este derecho. Entiendo que un crío tiene que leer por narices, porque le hace falta como parte de su educación y para aprender a estudiar. A partir de determinado momento, leer tiene que ser un placer...aunque el otro día leí en el periódico que los niños que leen por placer entre los 10 y 16 años son los que más avanzan en sus estudios. Según el artículo es más importante el nivel cultural de los padres que el económico.
Para mí leer es uno de los grandes placeres de la vida...pero el que se lo quiera perder, pues eso, que se lo pierda. 

2. el derecho a saltarnos páginas
Muy a favor. Yo lo llamo lectura creativa cuando lo hago por sistema en un libro. Y lo hago a menudo cuando releo, me salto trozos que no me interesan mucho para volver a los que me gustaron.
La lectura creativa es uno de los grandes descubrimientos que he hecho en el club, lees 10 páginas, te saltas 20, lees 15 y te saltas 50...y luego te quejas de que no te has enterado de nada.
Lo hice mucho con el de la señora que andaba y un poquito con Laura Díaz o Díez o me da lo mismo como se llamase.

3. el derecho a no terminar un libro
Esto es básico. Creo que si sólo pudiese conservar un punto de este decálogo sería éste. 
A mí me cambió la vida El Señor de los Anillos, que leí en 2003, la primera parte me encantó, la segunda pichínpichán, y con las 200 páginas finales sufrí la vida. Y lo terminé por mis santas narices. Y juré que nunca más. Aunque algunos del club también los he terminado sin mucha gana. Tampoco está mal lo de probarte a ti mismo que de verdad te lees cualquier cosa. 
En cualquier caso, estoy muy a favor de poder abandonar libros. Cada año abandono un par, y no me da nada de pena.

4. el derecho a releer
Me gusta releer. Pero desde hace dos o tres años y por culpa de un montón de sugerencias lectoras que me van llamando la atención, no me da la vida. Y no me termina de hacer feliz.
Antes siempre llevaba al retortero cuatro libros: dos en inglés, dos en español. Dos nuevos, dos de relectura. Pero era joven y me daba la vida. Y no curraba todas las tardes.
Ahora tengo que seleccionar. Y si releo, no leo. Necesito que me toque la lotería YA para poder dedicarme a estas cosas 

5. el derecho a leer cualquier cosa
Superafavor, oseatíatelojuro. Me gusta leer mierdas. Y no tan mierdas. Y cosas muy serias. Y hasta alguna medio sesuda.
Pero he leído el de Peñafiel, el del primo de Letizia, el de la Sartorius...y mucho chick-lit (yo pensaba que todo pero es inimaginable el volumen de chicklit que hay en inglés)
También he leido a Wallace, Irving, Grandes, Hornby, Oz...hay tiempo para todo.
Sobre el chick-lit debería explayarme un día, como género completamente de evasión y final feliz. Que a veces hacen falta los finales felices.

6. el derecho al bovarismo
Dice la wikipedia que el bovarismo es el estado de permanente insatisfacción que tenía la Madame en cuestión. Si lo entendemos así, yo no quiero estar insatisfecha con mis lecturas, pero no me parece mal tener "reconocido" el derecho a estarlo. Y menos en este club donde siempre hay alguno muy descontento con el libro de turno.

7. el derecho a leer en cualquier sitio
Tampoco soy ya la que era. Pero sigo leyendo casi en todas partes. La mayor ventaja del libro electrónico es lo de no cargar con peso y que cabe en todas partes: leo en el camino al curro, leo por la calle al salir del metro, leo esperando, leo en el baño (he llegado a meterme en el baño del curro a terminar un capítulo antes de ponerme a currar), en la cocina...sólo no llevo el libro si voy con N, que le parece de poco amor lo de ir juntos en el metro e ir leyendo.
Tengo la inmensa suerte de tener un marido, padres, hermano y cuñada lectores...este verano en Santa Pola hubo un momento en el que los seis estábamos cada uno con nuestro libro, y me gustó eso.

8. el derecho a hojear
Una de las desventajas del libro electrónico es que lo de hojear no es muy fácil. Tampoco es que sea mi mayor afición como lectora, pero está bien cuando un libro te llama la atención poder cotillearlo: pasar páginas, ver el tipo de letra y los párrafos. Leer un trocito al azar.
Está bien. No me parece vital.

9. el derecho a leer en voz alta
Me es completamente indiferente. En mi colegio leíamos muchísimo en voz alta, por lo que me ha tocado leer en varias bodas y he quedado bastante bien. Pero más que un derecho debería ser algo normal, que todos supiésemos leer en voz alta, que oyes leer a la gente y te da mucha vergüencita ajena: no hacen pausas donde toca, no entonan...

10. el derecho a callarnos
​ Me callaré si quiero, que para eso soy indomable. No entiendo muy bien a qué se refiere con este derecho, pero es obvio que el derecho a callarse está muy bien. De hecho, en ocasiones tendría que ser una obligacion, por aquello de más vale callarse y parecer idiota que abrir la boca y demostrarlo.

Y con esto, chimpún. Ea.​

martes, 1 de octubre de 2013

Como una novela

Hola, soy Bich. Otra vez. Sigo en esta fase blogless rara que me ha dado, así que ocupo el blog colectivo para hablar del libro del mes. Esta vez, cuando esto se publique, estaré metida en un avión, desesperada de la vida y deseando aterrizar en Madriz.

Hemos pasado el mes de septiembre leyendo una novelita, para desengrasar después del tochazo de Irving. Y menos mal que tomé notas, porque hace más de un mes que terminé. Hemos dedicado este mes a "Como una novela" de Daniel Pennac. Se me ha enfriado tanto que no sé qué voy a contar.

Y tengo que reconocer que me ha parecido un poco psé, ni me ha encantado, ni lo he odiado, ni me ha dado grandes momentos ni grandes aburrimientos. Psé. Que es de las peores cosas que te pueden pasar, el quedarte igual. Mentira. Con todo lo que hemos sufrido, quedarte psé está bien.

Me he reconocido en algunas cosas, la prisa por aprender a leer, el castigo de "pues esta noche no lees"... ya lo conté hace tiempo pero repito anécdota (y así relleno post) sobre cómo se enteró mi madre de que ya sabía leer

Al pasar por la zapatería..."mira mamá, ahí pone za-pa-te-rí-a"...así con varias tiendas, y mi madre a su bola pensando que qué bien identificaba las cosas, hasta que al pasar por un portal le dije "ahí pone ul-pi-a-no-san-chez-pe-ña-offfff-tal-móoo-lo-go". Y se quedó muerta. "¿Es que sabes leer?", "Pues claro, si te lo estoy diciendo". El resto de la tarde me tuvo leyendo el periódico a mi padre, que babeaba por la inteligencia extrema de su primogénita.

Habla Pennac y con razón, de que la lectura es para los niños (o esa sensación tengo con niños ajenos, sobre todo de mi entorno laboral) el castigo mientras que la tele es el premio. A mí eso me parece fatal, y he sido toda la vida también de ver mucho la tele...o igual no mucho, porque leía mucho, jugaba mucho, estudiaba mucho...

Cosas varias y al buen tuntún

- demasiadas exclamaciones, qué intensismo y qué ohlalá. Habla del milagro milagroso al leer en alto...no me creo nada.
- "hay que leer". No. O sí. Los niños tienen que leer, obviamente, para poder estudiar luego. A partir de ahí, ¿hay que leer? Yo no lo creo. Yo leo con la misma gana que otro ve pelis o series, o toca el piano o juega al tenis. Creo que se pasa de frenada. Leer no es algo místico. ("La lectura no depende de la organización, del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser") Últimamente está de moda la pose de "oh, soy tan lector, estoy tan feliz con mis libros en lugar de con gente, soy tan incomprendido..."puajjjj. A mí me gusta leer, y me gusta mucho, vaya novedad. Pero prefiero vivir, así como concepto. Vivo, y además, leo. Yo no leo para saber más, ni para tener la mente más abierta...leo porque me gusta. Y porque leo, sé más cosas y creo tener la mente más abierta. Pero no leo para eso, me puede el componente lúdico de la lectura. Seguramente habrá gente mucho más elevada y más lista que yo que lea con un sentido de trascendencia. Pues muy bien. Pero me niego a leer "para". No son deberes, es una afición. Y como tal, debe resultar placentera.
- es un estresado que habla de planes de lectura, de calcular páginas por hora, cuántas horas se puede leer un domingo...que no. Eso son deberes.
- "La vida es un obstáculo permanente para la lectura" pues claro. Y qué bien y qué bonito tener una vida, aunque a veces las horas de lectura sean esas horas robadas que dice Pennac.
- Describe muy bien la desesperación que sentí hace veinte años cuando tiraba "De Profundis" por el pasillo de la pura manía que le tenía "...se ha sentido invadido por esa pesadez dolorosamente familiar, el peso del libro, peso del tedio, insoportable fardo del esfuerzo inalcanzado"
- Y al final, cuando ya no aguantaba más, me reconcilio un poco con él, gracias al decálogo de derechos del lector, que también copio, porque deberíamos aplicarnos algunas cosas

1. el derecho a no leer
2. el derecho a saltarnos páginas
3. el derecho a no terminar un libro
4. el derecho a releer
5. el derecho a leer cualquier cosa
6. el derecho al bovarismo
7. el derecho a leer en cualquier sitio
8. el derecho a hojear
9. el derecho a leer en voz alta
10. el derecho a callarnos

Durante el resto del mes, algo más escribiremos por aquí (shame on Newland y shame on me, mucho Irving y no hemos dicho ni pío, qué fatalidad). De momento, podéis abrir boca con las fantásticas reseñas de mis cobloggers.




miércoles, 18 de septiembre de 2013

La lectura como obligación (una defensa de John Irving por un descreído)

El papel de abogado del diablo fue inventado para defender lo indefendible, para ver un punto de vista que ni siquiera nos planteamos, para hacer preguntas incómodas. Para que, de alguna manera, se contemple que la persona a la que se quiere canonizar y poner como ejemplo puede que no sea digna de tal privilegio.

Yo voy a hacer de antiabogado del diablo porque yo tengo clarísimo que este señor, al menos en este libro que hemos leído, no merece un abogado. Merece un cuarto oscuro cerrado con llave (el libro, no el señor). Pero voy a hablar un poco sobre lectura, estados de ánimo y obligación.

Yo, en lo de la lectura, siempre he llevado muy mal las recomendaciones y los regalos. He sido de leer cuando he querido lo que he querido. O al menos de elegir entre varias opciones la que más me apetecía en ese momento. Libros que me han regalado han estado esperando su oportunidad durante años (algunos aún la esperan) acumulando polvo, pero ningún reproche. No es su momento y puede que nunca lo sea. Como dice Bayard, incluso el más voraz de los lectores no ha leído prácticamente nada de lo que está escrito.

El caso es que eso ha ido cambiando con el paso del tiempo y sobre todo con el club de lectura. He aceptado leerme el libro que toca cada mes. Sea el que sea. Eso tiene una parte positiva que es poder leer cosas que no leerías de ninguna de las maneras y llevarte una grata sorpresa, ensanchar tus horizontes literarios y compartir tus experiencias con el resto de miembros del club. Claro, que también tiene una parte negativa que es leer cosas que no leerías de ninguna de las maneras y no llevarte ninguna sorpresa: durante todo el libro has estado sufriendo y no veías el momento de acabarlo.

Creo que no me he saltado ningún libro del club. Y creo que soy el único. Y no es por cabezonería, aunque tal vez sí sea por un sentimiento moral absurdo: si tú propones unos libros, tienes que aceptar que tendrás que leer otros. Es parte del juego. No puedo tirar la piedra y esconder la mano. Si yo quiero que os leáis a Bayard, me tengo que leer a Irving. No como castigo, sino como reciprocidad.

Claro que solo son tonterías mías. Que no se acaba el mundo por no leer un libro o por dejarlo a medias o por hacer lo que Bichejo llama "lectura creativa". Pero yo no puedo. Puedo hacerlo con un libro que lea porque me apetece y, de hecho, lo hago. Ya lo hice con el señor Irving con anterioridad y con un libro suyo que parece ser que es muy considerado entre las gentes.

Incluso hay veces que ese rechazo inicial no lo es a la larga. Empecé dos veces a leerme el Nombre de la Rosa antes de la definitiva y es uno de mis libros favoritos y el Quijote también lo empecé y lo dejé para luego morirme de risa durante el verano en el que finalmente me lo leí.

No va a ser el caso, no volveré a leer nada de este señor, sin duda. Pero a lo mejor tiene que ver con que no era el momento. No lo creo, creo que ese libro me parecería un horror en cualquier momento que me lo leyera, pero quién sabe, a lo mejor sí que hubiera tenido su huequecito lector...

Eso me ha pasado con otros autores que hemos leído en el club. No volveré a leerme un libro de David Grossman ni de David Foster Wallace ni de Phillip Roth. Puede que sea cerrarme muchas puertas y perderme muchas cosas buenas. Pero una cosa es buena en función de lo que te transmite y la carga de rechazo que tengo contra ellos por lo poco que me han gustado me hace pensar que no merece la pena arriesgarse.

En fin, seguramente el campo lector el club me cierra más puertas de las que me abre, pero hay muchas puertas que investigar, que abrir, que entreabrir o que sellar para toda la eternidad.

Quizá mi inquina se debe a leer por obligación. No sé cuánto de ese horror que me produce escuchar el nombre de David Foster Wallace se debe all haberlo leído obligado y cuánto a que es un rollo de tío (para mí, claro). Hay veces que causa y efecto son difíciles de desenmadejar.

Pero yo intuyo que tiene bastante que ver, aunque en mi fuero interno pienso que son un puñado de pelmazos, hay otra gente, gente cuya opinión respeto y admiro, a la que le parecen genios o, cuanto menos, escritores dignos de alabanza.

No me queda más que terminar diciendo: No es por ti, John Irving, es por mi.


sábado, 14 de septiembre de 2013

En defensa de John Irving y de la paz familiar

Como sabeis todos los que seguís este club, en España y en el extranjero, las normas para pertenecer a él son exigentes y conciernen a diversos aspectos que tienen que ver en algunos casos con el valor del compromiso y en otros con el valor a secas. Entre las primeras está el leerse el libro, claro, y después escribir un par de post, uno en tu propio blog y otro en este que estais leyendo ahora. Hablando del libro o del autor a ser posible, aunque, como el niño del Sexto sentido, en ocasiones yo también veo muertos...

Este mes hemos leído la última noche en Twisted River, una novela de John Irving, que es un autor de renombre, un autor muy seguido, amado, incluso venerado por muchas personas. Entre ellos, Bichejo, que fue quien propuso el libro, y Juanjo, quien ha descubierto con él a este autor y ha caído en una suerte de enamoramiento por concentración que hace que se esté leyendo toda la bibliografía del autor de una tacada. Yo calculo que cuando termine con sus novelas, empezará a leer sus ensayos, luego sus artículos, continuará con sus entrevistas y así seguirá hasta que no le quede otro remedio que leer su epitafio. Pero bien, a cada uno le gusta una cosa y eso es lo bonito y encantador de este club de lectura, que es club de ventura.

Yo no puse verde a John Irving en mi post, sino que critiqué lo pesado que se me hizo el libro. La última noche en Twisted River es un libro inflado de páginas, de historias, de hilos de los que tirar. Y claro que una novela debe tener coherencia y claro que un autor debe encajar todas las piezas de la trama. Lo que yo critico de este libro es que el autor abre melones sin ton ni son, pone muchas piezas en el tablero, cuantas más mejor, irrelevantes o con poca enjundia en muchos casos, para luego darse el gusto de hacerlas encajar. Y lo que yo digo es que el autor hace un ejercicio de técnica literaria a costa de los lectores, y esto me parece un abuso. Pero, y vuelvo a lo que digo más arriba, me cuesta creer que Irving sea un truño, porque lectores con más y mejor criterio que el mío lo veneran. Entre ellos, mi querida hermana mayor, que me escribe sobre el asunto.
Carmen,
No hay quien te pille y además harás como siempre: decirme que ya hablaremos y cambiarme la conversación. Como no creo que tengas tiempo ni ganas para discutir conmigo sobre John Irving, voy a darte mi opinión de todas formas, y quiero que sepas que me importa bien poco si no te interesa. Entre otras razones, porque me has tocado las narices y John Irving forma parte del elenco de mis " vacas sagradas" en literatura norteamericana.

No sé cómo has llegado a la lectura de " La última noche...". Efectivamente, ésta novela, junto con " Until I find you", que apareció hace dos veranos, sólo pueden estar cómodas en el cubo de la basura. Irving recurre a la metaliteratura para exorcizar sus pesadillas de niño y, con escaso o nulo acierto, lo que consigue es reventar una pústula llena de excrecencias obsesivas. Purita caca, vaya. Imagino a Irving en su despacho de Maine haciendo un corte de mangas a su editor.

Estos libros que cito adolecen de las mejores cualidades literarias de Irving hasta tal punto que, al leerlos, parece que estamos ante el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide. Irving es magistral en la descripción psicológica de la personalidad huérfana, sesgada en algún momento de su existencia por un determinado trauma o carencia vital. Oliver Twist y David Copperfield relatan sus vicisitudes para el lector desde su perspectiva contemporánea, por ello nos describen sus infortunios con una verosimilitud magistral, sí, pero que no profundiza más allá de un punto decoroso porque la era de Dickens no podía concebirlo. Irving sí lo hace - en otras novelas -, John Irving sí profundiza en la elaboración literaria de sus caracteres, vaya si lo hace. Maneja con precisión de entomólogo gran parte de los recursos descriptivos que le vienen dados por la literatura inglesa, pero lo mejor es su capacidad para adecuarlos a las vicisitudes del hombre actual.

Con el mayor placer continuaría mi disertación sobre Irving, pero como no me vas a hacer ni caso, al menos te recomiendo dos obras maestras: " A widow for one year" y " The cider house rules". El cine se las cargó, ambas dos, el puto cine que destroza obras maestras. Nuestro consuelo, el de los que adoramos a John Irving, es que ahí siguen y seguirán mientras el mundo sea mundo.

Con cariño, MJ

Bien. No me tengo por mujer valiente. En la disyuntiva de "lucha, ríndete o huye", nunca descarto la huída o la rendición, que suelen ser más cómodas y cortas, y además te permiten pensar lo que te dé la gana. Así que después de un día entero paralizada por la duda y sin saber si había perdido una hermana o me iba a ganar una torta, contesté a su mail echándole toda la culpa a Bichejo, poniendo a Juanjo como ejemplo, apoyándome en Liviadru (una filóloga como tú, le decía) y quitando importancia a la opinión de Desgraciaíto, ese lector disperso. O sea, que me rendí. Para terminar escribiendo, ya en el inicio de la huida:

... Para que veas que no soy un talibán literario, regálame para Navidad el más corto de los dos que me recomiendas y te prometo leerlo y escribir un post si me gusta. Ah, y si me das tu permiso, me gustaría usar tu escrito para componer otro post con el que pueda dar salida a tu opinión y me permita transcribirla tal cual la has escrito. ¡No se me ocurre otro modo de compensar el desaire!

Sólo puedo atribuir a mi debilidad el tener que tragarme otro libro de este hombre, aunque mi tolerancia innata y el cariño que tengo a mi hermana (y a su gusto literario) me haga buscar la fe y la fuerza que me faltan. Así que me hizo promesa de obsequiarme "...una joya literaria. Una auténtica exquisitez, una perla eterna en fin, como son sólo aquellas que nos redimen de la chabacanería al uso. Para que tu propia colección de argonautas: Roth, Barnes, Russo, Mailer y compañía adquieran su justa medida y valor al alinearse con el " Príncipe de Maine, Rey de Nueva Inglaterra". Un viaje literario, delicioso en su trayecto y trascendente en su fin último: auténtica literatura."

Sí, yo también detecté un ligerísimo poso de ironía. Era eso, o venganza. En fin, todo sea por la paz familiar.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La última noche en Twisted River

Hola, soy Bich, y este mes me toca a mí hacer la presentación del libro del mes. Además, os voy a endosar mi reseña, porque a día de hoy, no tengo el tema blog arreglado (en realidad, a día de hoy estoy a 600 km y sin ordenador, pero lo de programar entradas es muy maravilloso)

Este mes, los cinco integrantes del mejor club de lectura que en el mundo existe y existirá se han atrevido con John Irving, con mayor o menor fortuna porque me temo que, como de costumbre, no hay consenso.

Esto es lo que nos dice la contraportada (que ni siquiera había leído hasta ahora)


Corre el año 1954. La vida en el aserradero de una explotación forestal al norte de New Hampshire no resulta fácil y las desgracias están a la orden del día. Una noche, Dominic Baciagalupo, el cocinero del aserradero, y su hijo Danny, de doce años, se ven obligados a abandonar apresuradamente el lugar cuando Danny, en un fatal accidente, mata a la novia de un alguacil llamado Carl. Dominic y Danny inician entonces una extenuante huida, pues Carl, en su afán de venganza, los perseguirá primero hasta Boston, luego hasta Vermont e Iowa, y finalmente hasta Canadá. En cada ciudad a la que lleguen, padre e hijo se verán obligados a adaptarse a las costumbres y personas del lugar, a inventarse una nueva identidad... Sin darnos tregua, peripecia tras peripecia, John Irving nos sumerge de lleno en la vida estadounidense durante las últimas cinco décadas del siglo xx.



Primer punto: menos mal que no leí la contraportada, porque me hubiera chafado medio libro. Muy mal, Tusquets, Colección Andanzas...hay que tratar de hacer el libro atractivo a los potenciales compradores, pero sin destripar media novela. Muy mal, esas cosas me sientan fatal.

Pero claro, si lees sólo la contraportada, en realidad no tienes ni puñetera idea del libro, vamos, es que ni de coña, "extenuante huida" es exagerar hasta el infinito, parece que estamos ante una road movie, y nada más lejos...estamos, como siempre en Irving, ante una historia de amor. De amores. Rarunos, enfermos, desiguales, fraternales, amistosos, familiares...pero de amores. Que se van tejiendo y destejiendo a lo largo de casi cincuenta años. De la manera más extraña casi siempre, porque en las historias de Irving, los amores no son casi nunca los más acertados. Porque estoy convencida de que el hombre tiene algún tipo de tara familiar, toda su obra gira en torno a relaciones familiares (y a despertares sexuales extraños)

Hablando de girar, la historia gira y gira sobre sí misma mientras avanza...hay saltos temporales bastante grandes, pero no te quedas sin saber apenas nada de lo que pasa entre un salto y otro. Irving sigue tejiendo la historia, adelante y atrás, con frases recurrentes (las comadres malvadas y viejas, por ejemplo) y lugares muy comunes a sus obras...lo suyo con los osos se remonta a su primera novela, Salvemos a los osos, que es de 1968, no conoció a su padre biológico y sufrió abusos a los 11 años por parte de una mujer obviamente más mayor que él...temas que al final salen de una manera u otra en todos sus libros: el abandono, las primeras experiencias sexuales con mujeres mayores, siempre hay por medio un periodista o escritor...

Todo esto hace que o entras en su mundo o no entras: yo entré hace un montón de años con Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra (que acabó siendo Las normas de la casa de la sidra) y nunca he salido. Tampoco es que haya querido salir. Entro con facilidad en sus lugares comunes, en sus construcciones circulares, en sus repeticiones y hasta en sus giros de guión. Pero claro, si no entras, en este caso son casi 700 páginas de libro que no te interesa, un horror. Yo lo he leído en unos diez días, pero claro, no me supone un esfuerzo vivir en ese universo que monta en cada novela.

No he marcado muchas cosas, pero aquí va un parrafito que sí me gustó mucho: "Una pareja enamorada crea sus propias normas, como si esas normas inventadas fuesen tan fiables o contaran tanto como las normas conforme a las que intentan vivir los demás"

La cuestión con Irving es que no te va a dejar tibio: te gusta o no te gusta. Y si no lo creéis, dad una vuelta por los blogs de mis compañeros lectores, veréis a alguno plenamente enamorado y a otros completamente desolados y poniendo veto a John Irving por los siglos de los siglos. A mí me encanta. Personalmente creo que no es su mejor novela (esa es "Hasta que te encuentre"), pero me ha gustado mucho y estoy muy contenta de haber propuesto este libro, para horror de algunos de mis cobloggers.

Y ahora, a leer sus reseñas, aquí las tenéis...




El 1 de octubre empezaremos con "Como una novela" de Daniel Pennac, que es casi cinco veces más corto que éste y que ha elegido (con altas expectativas) nuestro nananananalíder.