miércoles, 18 de septiembre de 2013

La lectura como obligación (una defensa de John Irving por un descreído)

El papel de abogado del diablo fue inventado para defender lo indefendible, para ver un punto de vista que ni siquiera nos planteamos, para hacer preguntas incómodas. Para que, de alguna manera, se contemple que la persona a la que se quiere canonizar y poner como ejemplo puede que no sea digna de tal privilegio.

Yo voy a hacer de antiabogado del diablo porque yo tengo clarísimo que este señor, al menos en este libro que hemos leído, no merece un abogado. Merece un cuarto oscuro cerrado con llave (el libro, no el señor). Pero voy a hablar un poco sobre lectura, estados de ánimo y obligación.

Yo, en lo de la lectura, siempre he llevado muy mal las recomendaciones y los regalos. He sido de leer cuando he querido lo que he querido. O al menos de elegir entre varias opciones la que más me apetecía en ese momento. Libros que me han regalado han estado esperando su oportunidad durante años (algunos aún la esperan) acumulando polvo, pero ningún reproche. No es su momento y puede que nunca lo sea. Como dice Bayard, incluso el más voraz de los lectores no ha leído prácticamente nada de lo que está escrito.

El caso es que eso ha ido cambiando con el paso del tiempo y sobre todo con el club de lectura. He aceptado leerme el libro que toca cada mes. Sea el que sea. Eso tiene una parte positiva que es poder leer cosas que no leerías de ninguna de las maneras y llevarte una grata sorpresa, ensanchar tus horizontes literarios y compartir tus experiencias con el resto de miembros del club. Claro, que también tiene una parte negativa que es leer cosas que no leerías de ninguna de las maneras y no llevarte ninguna sorpresa: durante todo el libro has estado sufriendo y no veías el momento de acabarlo.

Creo que no me he saltado ningún libro del club. Y creo que soy el único. Y no es por cabezonería, aunque tal vez sí sea por un sentimiento moral absurdo: si tú propones unos libros, tienes que aceptar que tendrás que leer otros. Es parte del juego. No puedo tirar la piedra y esconder la mano. Si yo quiero que os leáis a Bayard, me tengo que leer a Irving. No como castigo, sino como reciprocidad.

Claro que solo son tonterías mías. Que no se acaba el mundo por no leer un libro o por dejarlo a medias o por hacer lo que Bichejo llama "lectura creativa". Pero yo no puedo. Puedo hacerlo con un libro que lea porque me apetece y, de hecho, lo hago. Ya lo hice con el señor Irving con anterioridad y con un libro suyo que parece ser que es muy considerado entre las gentes.

Incluso hay veces que ese rechazo inicial no lo es a la larga. Empecé dos veces a leerme el Nombre de la Rosa antes de la definitiva y es uno de mis libros favoritos y el Quijote también lo empecé y lo dejé para luego morirme de risa durante el verano en el que finalmente me lo leí.

No va a ser el caso, no volveré a leer nada de este señor, sin duda. Pero a lo mejor tiene que ver con que no era el momento. No lo creo, creo que ese libro me parecería un horror en cualquier momento que me lo leyera, pero quién sabe, a lo mejor sí que hubiera tenido su huequecito lector...

Eso me ha pasado con otros autores que hemos leído en el club. No volveré a leerme un libro de David Grossman ni de David Foster Wallace ni de Phillip Roth. Puede que sea cerrarme muchas puertas y perderme muchas cosas buenas. Pero una cosa es buena en función de lo que te transmite y la carga de rechazo que tengo contra ellos por lo poco que me han gustado me hace pensar que no merece la pena arriesgarse.

En fin, seguramente el campo lector el club me cierra más puertas de las que me abre, pero hay muchas puertas que investigar, que abrir, que entreabrir o que sellar para toda la eternidad.

Quizá mi inquina se debe a leer por obligación. No sé cuánto de ese horror que me produce escuchar el nombre de David Foster Wallace se debe all haberlo leído obligado y cuánto a que es un rollo de tío (para mí, claro). Hay veces que causa y efecto son difíciles de desenmadejar.

Pero yo intuyo que tiene bastante que ver, aunque en mi fuero interno pienso que son un puñado de pelmazos, hay otra gente, gente cuya opinión respeto y admiro, a la que le parecen genios o, cuanto menos, escritores dignos de alabanza.

No me queda más que terminar diciendo: No es por ti, John Irving, es por mi.


sábado, 14 de septiembre de 2013

En defensa de John Irving y de la paz familiar

Como sabeis todos los que seguís este club, en España y en el extranjero, las normas para pertenecer a él son exigentes y conciernen a diversos aspectos que tienen que ver en algunos casos con el valor del compromiso y en otros con el valor a secas. Entre las primeras está el leerse el libro, claro, y después escribir un par de post, uno en tu propio blog y otro en este que estais leyendo ahora. Hablando del libro o del autor a ser posible, aunque, como el niño del Sexto sentido, en ocasiones yo también veo muertos...

Este mes hemos leído la última noche en Twisted River, una novela de John Irving, que es un autor de renombre, un autor muy seguido, amado, incluso venerado por muchas personas. Entre ellos, Bichejo, que fue quien propuso el libro, y Juanjo, quien ha descubierto con él a este autor y ha caído en una suerte de enamoramiento por concentración que hace que se esté leyendo toda la bibliografía del autor de una tacada. Yo calculo que cuando termine con sus novelas, empezará a leer sus ensayos, luego sus artículos, continuará con sus entrevistas y así seguirá hasta que no le quede otro remedio que leer su epitafio. Pero bien, a cada uno le gusta una cosa y eso es lo bonito y encantador de este club de lectura, que es club de ventura.

Yo no puse verde a John Irving en mi post, sino que critiqué lo pesado que se me hizo el libro. La última noche en Twisted River es un libro inflado de páginas, de historias, de hilos de los que tirar. Y claro que una novela debe tener coherencia y claro que un autor debe encajar todas las piezas de la trama. Lo que yo critico de este libro es que el autor abre melones sin ton ni son, pone muchas piezas en el tablero, cuantas más mejor, irrelevantes o con poca enjundia en muchos casos, para luego darse el gusto de hacerlas encajar. Y lo que yo digo es que el autor hace un ejercicio de técnica literaria a costa de los lectores, y esto me parece un abuso. Pero, y vuelvo a lo que digo más arriba, me cuesta creer que Irving sea un truño, porque lectores con más y mejor criterio que el mío lo veneran. Entre ellos, mi querida hermana mayor, que me escribe sobre el asunto.
Carmen,
No hay quien te pille y además harás como siempre: decirme que ya hablaremos y cambiarme la conversación. Como no creo que tengas tiempo ni ganas para discutir conmigo sobre John Irving, voy a darte mi opinión de todas formas, y quiero que sepas que me importa bien poco si no te interesa. Entre otras razones, porque me has tocado las narices y John Irving forma parte del elenco de mis " vacas sagradas" en literatura norteamericana.

No sé cómo has llegado a la lectura de " La última noche...". Efectivamente, ésta novela, junto con " Until I find you", que apareció hace dos veranos, sólo pueden estar cómodas en el cubo de la basura. Irving recurre a la metaliteratura para exorcizar sus pesadillas de niño y, con escaso o nulo acierto, lo que consigue es reventar una pústula llena de excrecencias obsesivas. Purita caca, vaya. Imagino a Irving en su despacho de Maine haciendo un corte de mangas a su editor.

Estos libros que cito adolecen de las mejores cualidades literarias de Irving hasta tal punto que, al leerlos, parece que estamos ante el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide. Irving es magistral en la descripción psicológica de la personalidad huérfana, sesgada en algún momento de su existencia por un determinado trauma o carencia vital. Oliver Twist y David Copperfield relatan sus vicisitudes para el lector desde su perspectiva contemporánea, por ello nos describen sus infortunios con una verosimilitud magistral, sí, pero que no profundiza más allá de un punto decoroso porque la era de Dickens no podía concebirlo. Irving sí lo hace - en otras novelas -, John Irving sí profundiza en la elaboración literaria de sus caracteres, vaya si lo hace. Maneja con precisión de entomólogo gran parte de los recursos descriptivos que le vienen dados por la literatura inglesa, pero lo mejor es su capacidad para adecuarlos a las vicisitudes del hombre actual.

Con el mayor placer continuaría mi disertación sobre Irving, pero como no me vas a hacer ni caso, al menos te recomiendo dos obras maestras: " A widow for one year" y " The cider house rules". El cine se las cargó, ambas dos, el puto cine que destroza obras maestras. Nuestro consuelo, el de los que adoramos a John Irving, es que ahí siguen y seguirán mientras el mundo sea mundo.

Con cariño, MJ

Bien. No me tengo por mujer valiente. En la disyuntiva de "lucha, ríndete o huye", nunca descarto la huída o la rendición, que suelen ser más cómodas y cortas, y además te permiten pensar lo que te dé la gana. Así que después de un día entero paralizada por la duda y sin saber si había perdido una hermana o me iba a ganar una torta, contesté a su mail echándole toda la culpa a Bichejo, poniendo a Juanjo como ejemplo, apoyándome en Liviadru (una filóloga como tú, le decía) y quitando importancia a la opinión de Desgraciaíto, ese lector disperso. O sea, que me rendí. Para terminar escribiendo, ya en el inicio de la huida:

... Para que veas que no soy un talibán literario, regálame para Navidad el más corto de los dos que me recomiendas y te prometo leerlo y escribir un post si me gusta. Ah, y si me das tu permiso, me gustaría usar tu escrito para componer otro post con el que pueda dar salida a tu opinión y me permita transcribirla tal cual la has escrito. ¡No se me ocurre otro modo de compensar el desaire!

Sólo puedo atribuir a mi debilidad el tener que tragarme otro libro de este hombre, aunque mi tolerancia innata y el cariño que tengo a mi hermana (y a su gusto literario) me haga buscar la fe y la fuerza que me faltan. Así que me hizo promesa de obsequiarme "...una joya literaria. Una auténtica exquisitez, una perla eterna en fin, como son sólo aquellas que nos redimen de la chabacanería al uso. Para que tu propia colección de argonautas: Roth, Barnes, Russo, Mailer y compañía adquieran su justa medida y valor al alinearse con el " Príncipe de Maine, Rey de Nueva Inglaterra". Un viaje literario, delicioso en su trayecto y trascendente en su fin último: auténtica literatura."

Sí, yo también detecté un ligerísimo poso de ironía. Era eso, o venganza. En fin, todo sea por la paz familiar.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La última noche en Twisted River

Hola, soy Bich, y este mes me toca a mí hacer la presentación del libro del mes. Además, os voy a endosar mi reseña, porque a día de hoy, no tengo el tema blog arreglado (en realidad, a día de hoy estoy a 600 km y sin ordenador, pero lo de programar entradas es muy maravilloso)

Este mes, los cinco integrantes del mejor club de lectura que en el mundo existe y existirá se han atrevido con John Irving, con mayor o menor fortuna porque me temo que, como de costumbre, no hay consenso.

Esto es lo que nos dice la contraportada (que ni siquiera había leído hasta ahora)


Corre el año 1954. La vida en el aserradero de una explotación forestal al norte de New Hampshire no resulta fácil y las desgracias están a la orden del día. Una noche, Dominic Baciagalupo, el cocinero del aserradero, y su hijo Danny, de doce años, se ven obligados a abandonar apresuradamente el lugar cuando Danny, en un fatal accidente, mata a la novia de un alguacil llamado Carl. Dominic y Danny inician entonces una extenuante huida, pues Carl, en su afán de venganza, los perseguirá primero hasta Boston, luego hasta Vermont e Iowa, y finalmente hasta Canadá. En cada ciudad a la que lleguen, padre e hijo se verán obligados a adaptarse a las costumbres y personas del lugar, a inventarse una nueva identidad... Sin darnos tregua, peripecia tras peripecia, John Irving nos sumerge de lleno en la vida estadounidense durante las últimas cinco décadas del siglo xx.



Primer punto: menos mal que no leí la contraportada, porque me hubiera chafado medio libro. Muy mal, Tusquets, Colección Andanzas...hay que tratar de hacer el libro atractivo a los potenciales compradores, pero sin destripar media novela. Muy mal, esas cosas me sientan fatal.

Pero claro, si lees sólo la contraportada, en realidad no tienes ni puñetera idea del libro, vamos, es que ni de coña, "extenuante huida" es exagerar hasta el infinito, parece que estamos ante una road movie, y nada más lejos...estamos, como siempre en Irving, ante una historia de amor. De amores. Rarunos, enfermos, desiguales, fraternales, amistosos, familiares...pero de amores. Que se van tejiendo y destejiendo a lo largo de casi cincuenta años. De la manera más extraña casi siempre, porque en las historias de Irving, los amores no son casi nunca los más acertados. Porque estoy convencida de que el hombre tiene algún tipo de tara familiar, toda su obra gira en torno a relaciones familiares (y a despertares sexuales extraños)

Hablando de girar, la historia gira y gira sobre sí misma mientras avanza...hay saltos temporales bastante grandes, pero no te quedas sin saber apenas nada de lo que pasa entre un salto y otro. Irving sigue tejiendo la historia, adelante y atrás, con frases recurrentes (las comadres malvadas y viejas, por ejemplo) y lugares muy comunes a sus obras...lo suyo con los osos se remonta a su primera novela, Salvemos a los osos, que es de 1968, no conoció a su padre biológico y sufrió abusos a los 11 años por parte de una mujer obviamente más mayor que él...temas que al final salen de una manera u otra en todos sus libros: el abandono, las primeras experiencias sexuales con mujeres mayores, siempre hay por medio un periodista o escritor...

Todo esto hace que o entras en su mundo o no entras: yo entré hace un montón de años con Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra (que acabó siendo Las normas de la casa de la sidra) y nunca he salido. Tampoco es que haya querido salir. Entro con facilidad en sus lugares comunes, en sus construcciones circulares, en sus repeticiones y hasta en sus giros de guión. Pero claro, si no entras, en este caso son casi 700 páginas de libro que no te interesa, un horror. Yo lo he leído en unos diez días, pero claro, no me supone un esfuerzo vivir en ese universo que monta en cada novela.

No he marcado muchas cosas, pero aquí va un parrafito que sí me gustó mucho: "Una pareja enamorada crea sus propias normas, como si esas normas inventadas fuesen tan fiables o contaran tanto como las normas conforme a las que intentan vivir los demás"

La cuestión con Irving es que no te va a dejar tibio: te gusta o no te gusta. Y si no lo creéis, dad una vuelta por los blogs de mis compañeros lectores, veréis a alguno plenamente enamorado y a otros completamente desolados y poniendo veto a John Irving por los siglos de los siglos. A mí me encanta. Personalmente creo que no es su mejor novela (esa es "Hasta que te encuentre"), pero me ha gustado mucho y estoy muy contenta de haber propuesto este libro, para horror de algunos de mis cobloggers.

Y ahora, a leer sus reseñas, aquí las tenéis...




El 1 de octubre empezaremos con "Como una novela" de Daniel Pennac, que es casi cinco veces más corto que éste y que ha elegido (con altas expectativas) nuestro nananananalíder.


lunes, 26 de agosto de 2013

Una sonrisa con Charlotte Brönte

Una novela romántica no se escribe para reir, sino más bien para acompañar a la protagonista por los senderos del sufrimiento, del amor verdadero, de la ensoñación y de los suspiros que van y que vienen. Con todo, yo he encontrado un par de perlas en Jane Eyre que me provocaron al menos una sonrisa, y que me parecieron en un caso diálogos, y en otro una descripción, llena de ingenio.

 

En el primer caso, Rochester y Jane Eyre están en al altar a punto de casarse. El sacerdote dice las palabras convencionales de “el que tenga algo que decir que hable ahora o que calle para siempre”, y en ese momento, el procurador Briggs alza la voz y avisa de que existe un impedimento, y es que Rochester está casado. Y dice Rochester:

- Aun suponiendo que se tratara de un documento auténtico eso probaría que he estado casado, pero no que mi mujer viva aun

- Vivía hace tres meses – replicó el procurador

- ¿Cómo lo sabe?

- Tengo un testigo del hecho.

- Preséntelo o váyase al infierno, si no…

- Prefiero presentarlo. Está aquí Mr Mason: tenga la bondad.

 

Ese “prefiero presentarlo” proporciona un toque de humor inesperado, muy a tono además con el personaje del procurador. En realidad, no hay nada que elegir, lo de irse al infierno es una expresión sin más que podría haber sido sustituida por un “o cállese”. Y sin embargo, la autora elige este diálogo. Me encantó.

 

El segundo caso, es una de las descripciones que Rochester hace de Mason delante de los presentes en la iglesia, llena de sarcasmo:

 

… este atrevido personaje, que con su temblor y su palidez les demuestra lo que un bravo corazón masculino es capaz de afrontar. Tranquilízate, Dick, no temas: no te pegaré. ¡Casi sería capaz de pegar a una mujer antes que a ti!

 

Y esto es todo lo que he podido encontrar como momentos que me han hecho reir en Jane Eyre, aunque tal vez hubo más y yo no los subrayé. Si, exceptuamos, naturalmente, que para no aburrirse, les dé por ponerse a estudiar indostaní…

 

sábado, 17 de agosto de 2013

El post que empezó siendo un comentario

Queridos cobloggers, esta vez soy tan perraca que ni siquiera he hecho yo el post. BkindZanks, que es una bloguera y tuitera bastante maja se curró este pedazo de comentario sobre Jane Eyre, y creo que su sitio está aquí, porque está muy currado y plantea cosas muy interesantes.


De las tres hermanas Brontë, Charlotte es la que menos me gusta. Le falta la pasión arrebatada de Emily, a quien ella tachó de loca perturbada, tras su fallecimiento, por haber escrito Wuthering Heights. Y carece de la crítica social a través de la fina ironía que tenía Anne, más parecida a Jane Austen. A quien, por cierto, Charlotte despreciaba, tanto a ella como a su literatura, según diversas cartas enviadas a George H. Lewes, el crítico del que fue amante George Elliot y por el que la buena sociedad de la época la rechazaba. Pero esa es otra historia, que me disperso.

Jane Eyre lo dividiría en tres partes: Lowood, Thornfield y Moor House. Me pareció genial la parte de Lowood y las otras me aburrieron tremendamente.

En Thornfield… sí, sigue ese patrón de novela gótica, con la figura de la casa misteriosa ocupada por la figura de un hombre que da un miedo morboso, bla, bla, bla… ¡Pero es que este no da miedo ni na! Todo lo contrario, es un tipo que, igual Jane no lo sabe, pero nosotras sabemos que se dedica a pagar para obtener placer sexual, sea en burdeles o manteniendo a actrices y cantantes de ópera. Es un señor que deja abandonada a una niña (probablemente su hija) en una mansión medio abandonada. Y que humilla a Jane en más de una ocasión, dándole alas y volviendo a colocarla en su lugar bruscamente.

Esa es otra, el dilema de la institutriz… pero eso también es otro tema, me sigo dispersando.

Y, sobre todo, es un señor que (SPOILER) ejerce el poder masculino propio de aquella sociedad para encerrar a su mujer. Como expone Jane Rhys en Wide Sargasso Sea, ¡vete a saber tú si Bertha Mason estaba loca o no! El caso es que era ella el socio capitalista en aquel matrimonio, pero eso no servía de nada. Y aquí me podría dispersar con The Tenant of Wildfell Hall de Anne Brontë, del cual Charlotte se encargó de impedir nuevas publicaciones. Pero no, me centraré… Solo os lo recomiendo.

Y, oh, qué bueno es Rochester, porque no la lleva a un manicomio, según expone Charlotte. Sin embargo… ¿quién va a creer en la palabra de Rochester cuando ha engañado a Jane una y otra vez, ocultándole que estaba casado? Pero es que a él le debe de ir esto de engañar a los demás, porque es el más listo, como con la lectura de la buenaventura durante la cena…

Entonces, Jane descubre el pastel y… ¿dónde está todo ese enamoramiento y rebeldía? Nada, la muy estrecha huye. Lo de vivir en pecado no le va, todo es de boquilla. Decepción total con la figura de Jane.

Y, en la huida a lo pentatlón, aparece en casa de los parientes estos. Me río yo de Facebook. Pero… aunque era fea y pobre, consigue camelarse al primo cura. Él la ve más bien como un soldado reclutado para la obra. Y ella se resiste, se resiste… pero cuando va a dar el sí, oye la voz de Rochester. Entonces es cuando te preguntas si aquello es una novela de Charlotte Brontë o de Stephen King… Personalmente, creí que la pobre Jane había tenido un brote de esquizofrenia, pero bueno… es que tengo demasiada imaginación.

Regresamos a Thornfield, ya destruido por el fuego purificador, como el propio Rochester. Y ahora Jane es millonaria… fea, pero millonaria. ¡Porque es fea! Dato que podría ser novedoso y la simpática Charlotte no se lo hubiera copiado a su hermana Anne, que escribió Agnes Grey (nada que ver con Christian) antes que ella esta novela, pero no se la publicaron hasta después.

Y ya se sabe, las penas con pan son menos, así que todo se arregla y solo falta que Walter Bishop viaje en el tiempo para llevarle a Rochester un brazo biónico igualito al de Nina Sharp. 

En fin… espero no haberme puesto muy pedante. Pero creo que mi postura ha quedado más o menos clara. 

Gracias por la oportunidad de comentar esta parrafada. Me podría estar horas hablando de estos temas. :)

domingo, 11 de agosto de 2013

Mujeres de verdad, en combate mortal contra la imposible Jane


Jane Eyre es la típica heroína del Romanticismo, de origen cuasi místico, infancia durísima, trabajadora, abnegada, modesta pero rebelde porque el mundo la hizo así y que todo lo consigue, a todo se repone, por la fuerza del amor.

Pero pasan los años, la novela romántica se muere de agotamiento (todos los movimientos literarios han muerto por la misma causa) y los autores –no todos hombres- empiezan a escribir novelas también pobladas en muchos casos de mujeres (la novela era el género femenino) que leían, a su vez, novelas románticas y se chiflaban con ellas… igual que Don Quijote; los tres ejemplos más notorios:

Ana Karenina: se alude un par de veces a que leía novelas inglesas ¿adivinan cuáles? ¡exacto! Aunque no lo cite explícitamente (no se llevaba eso) esas novelas inglesas tienen que ser la de las Brontë. La problemática de Anna es que se enamora locamente y para colmo de males está casada con un tronco de madera; ese amor lleva a que mande al carajo los convencionalismos sociales, que eso está muy bien, qué duda cabe, pero en el siglo XIX la idea no es tan buena; si te sales no puedes volver y no, no le abres el camino a nadie más… ya sabemos cómo acaba la novela.

Emma Bovary: otra que se pasa la vida leyendo novelas románticas y, obviamente, si es una ferviente lectora a la fuerza ha leído a las Brontë… pero lee romanticismo, ergo de Jane Austen nada de nada (no le tengo mucha simpatía a Emma, como se puede ver) que es una siesa realista en la que el amor no triunfa a pesar de todo como en nuestra Jane Eyre… Porque Jane Austen cuenta historias de amor con final feliz, pero no historias de amor apasionado con final feliz, historias en las que un matrimonio absolutamente imposible tiene lugar para regocijo del mundo, lo dicho, una siesa de su época… pero infinitamente más feminista que las Brontë. Pero volvamos a Emma, ella sólo quiere reproducir lo que ha leído en las novelas y, al igual que ahora leemos en prensa que hay mujeres que llegan con lesiones por las sombras del averno de Grey, se encuentra con que la realidad no es la de las novelas así que… ya sabemos cómo acaba la novela.

Ana Ozores: desde mi punto de vista la más compleja de las tres (de las cuatro, si incluimos a Jane) la joven mujer de señor regente es una adicta, primero se hace adicta a la religión, manipulada por el señor cura y la bruja de su madre, y después se va a ver el Tenorio al teatro, para entretenerse a ver si se le pasa el beatismo… y la liamos, quiere sentir el amor con la misma fuerza que ve en la obra, sigue siendo una adicta, pero cambia de sustancia… ya sabemos cómo acaba la novela (téngase en cuenta que al ser menos aleccionadora que las otras dos, lo de menos es lo que le pase a Ana)

¿Y todo esto por qué? Porque leen novelas románticas como Jane Eyre ¡¡y se las creen!! Pero hay que ser justos, no tenían mucho más que hacer, podrían haberle dedicado mejor el tiempo de sus lecturas a Jane Austen, de la que beben las Brontë y les abre camino (si Jane Eyre me ha gustado tan poco imagínaos lo que pienso de Cumbres borrascosas que, por suerte, se ha convertido en un Libro Olvidado) que también presenta mujeres fuertes, infinitamente más fuertes que Jane pero que tienen los pies en la tierra ¡¡porque esa tierra es la nuestra!! Una tierra en la que yo puedo gritar el nombre de Mi-You-Know-Who todo lo que quiera pero si está en el profundo sur y yo no ¡no se va a enterar de un carajo!

Y lo más divertido del asunto… esas lectoras de novelas románticas hicieron -al reprimirse en la vida real- de la histeria una epidemia, demostraron que Don Quijote no era una cosa rara e imposible, demostraron que la ficción importa en la medida en la que está construida y por eso, precisamente por eso, los movimientos literarios se construyen por oposición, para que uno controle al otro y podamos o bien relajarnos y dejarnos llevar o bien nos ponen los pies en la tierra y nos piden sentido común.

¿De qué va todo esto? De que puedo entender que la novela siga teniendo éxito, por un montón de motivos (está bien escrita -a pesar de la vergüenza ajena de la edición de Austral-, es un culebrón y eso siempre vende -sobre todo la madre de todos los culebrones-, situada en su época es rompedora ¡inventó el modelo!, Jane es una mujer muy adelantada a su época ¡se rebela! Pero no tanto como nos venden porque todostoditostodos los héroes románticos se rebelan, es canon) pero lo que no entiendo es que hoy se venda modernidad en ella, y, sobre todo, me espeluzna que se compare con Jane Austen que sigue absolutamente vigente.

jueves, 1 de agosto de 2013

Jane Eyre, de Charlotte Brontë

Este mes, el Club de Lectura aborda un clásico de la literatura victoriana, Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Novela romántica con una trama llena de giros inesperados, este libro es uno de tantos de los que se habla sin haberse leído, en parte por su condición de clásico pero también debido a las numerosas adaptaciones al cine.

La editorial nos ofrece esta sinopsis:

Dueña de un singular temperamento desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, Jane Eyre logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor irá tejiendo su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio.

Como estremecedoras y terribles serán sin duda las reseñas de nuestros tenaces titulares del club, que, como cada mes, han escrito en sus blogs sus post con la disciplina y pasión que les caracteriza. No te entretengas en adivinar las discrepancias que se traen entre ellos con cada libro del club y ve, cuanto antes, a leerlos. ¿A qué estás esperando?

Los enlaces son: