sábado, 15 de septiembre de 2012

La noche de los tiempos

Este mes vamos a hablar de este libro de Antonio Muñoz Molina con la guerra civil y el exilio como temas de fondo, pero en el que también aparecen reflexiones acerca del ascenso social, el amor, la conveniencia, el qué es perderlo todo. Es una novela muy larga y en la que Muñoz Molina ha hecho un gran trabajo de 'ambientación'. Aparecen las películas que en esos momentos se proyectaban, los éxitos de la música, de la radio, la forma de vestir, los coches, los locales de moda... todo un esfuerzo de recreación que según el autor le llevó tres años preparar y escribir.


Desde hoy y hasta el próximo 15 de octubre estaremos hablando por aquí de esta novela y de las distintas opiniones que nos ha generado a los cuatro participantes 'oficiales' del club de lectura y a todos los que queráis acompañarnos.



viernes, 17 de agosto de 2012

Hugo y yo

Este post nace con un doble propósito: copiar a ND en lo de contar el pasado lector y probar Blogsy, una app para el iPad con bastante buena pinta y a la que se supone que blogger no odia.

Yo fui una niña lectora, con menos de dos años pedía MI cuento por las noches (La historia de una nube que era amiga de una niña), con poco más de tres me pasé todo un verano diciendo "sabes que voy a ir al cole y voy a aprender a leer solita??" y a los cuatro dejé muerta a mi madre...íbamos las dos por la calle y yo leía en alto todos los rótulos, zapatería, simago...todo fácil hasta que le dije "ahí pone offfffftalmólogo", y lo flipó, "pero es que de verdad sabes leer?" y yo, muy enfadada "pero si te lo estoy diciendo..." el resto de la tarde la pasé leyendo en alto ante unos padres orgullosos de su primogénita.

Desde entonces siempre he leído, sin parar, con épocas más o menos intensas, pero nunca ha habido sequía. Me obligaban a comprar libros de uno en uno y volvía de las vacaciones con medio millón de libros..."pero, Bich, déjate alguno que te haya gustado menos", "a ver, mamá, me gustan TODOS"

He pasado por todas las fases: los Cinco, los Siete Secretos, Puck, Barco de Vapor, Celia (lo más grande, las niñas de ahora tienen libros de Celia??), Torres de Malory y las Gemelas de Santa Clara, Cruzada en jeans y La vida sale al encuentro...Agatha Christie, Tom Clancy, espías y asesinos...Steinbeck, El pájaro espinoy García Márquez...he leido de todo y siempre me ha gustado leer.

Pero sobre todo, soy la lectora que soy por mis padres: en mi casa siempre he visto leer, me han leído cuentos, jamás me han dicho no a comprarme un cuento o a llevarme a la biblioteca. Ni me han regañado mucho por quedarme leyendo hasta las mil en días de cole. El peor castigo posible era dejarme sin leer, y si se me desencuadernaba un libro teníamos llorera monumental.

Por eso me ha gustado Hugo, porque es un libro que se puede (casi se debe, seguro que mejora mucho la experiencia lectora) leer con niños, que te cuenten los dibujos, qué les parece, si les gusta Hugo o si les parece un poquito bobo, qué creen que va a pasar luego y si quieren ver alguna de esas pelis tan antiguas, o alguna otra menos antigua...porque el cine y la literatura siempre van de la mano.

Y sobre todo, ya lo dije en mi guarri-reseña, porque tanto el cine como la lectura nos invitan a soñar y de vez en cuando está muy bien que nos recuerden eso tan cursi de que estamos hechos de polvo de estrellas. Así que, tres lectores y medio de este blog, coged a vuestro niño interior, leed con él La invención de Hugo Cabret y luego haced palomitas para ver Los Goonies...pasaréis una tarde estupenda.

 

jueves, 16 de agosto de 2012

Sobre Hugo, sobre mí y por qué me ha gustado

Bueno, voy a hablar un poco del libro de este mes. Yo lo elegí, aunque debo decir que fue un acto algo irreflexivo. Había visto la película y ya sabía que sería un libro infantil o juvenil y conocía la historia. El libro me gustó, aunque entiendo el cabreo que tiene Carmen. Es eso solamente, un libro infantil. No es Oliver Twist, aunque Hugo es muy desafortunado en la vida. El enfado e irracionalidad de Georges no se entiende, al menos al principio. El por qué Isabelle se hace amiga de Hugo...

Ahí estoy de acuerdo, no tiene todas las partes pulidas y encajadas entre sí, pero sí que engancha y yo me lo he leído muy a gusto. A lo mejor pensaba inconscientemente en dejárselo o leérselo a mis hijos. No sé. Ya he contado en mi otro blog que a mí lo que me toca en la fibra sensible no son las desgracias, sino las alegrías. Por ejemplo, cuando en Mulan llega el final de la película y vuelve a casa y le entrega a su padre el medallón del emperador y la espada de Shang Yu para honrar a la familia y su padre le dice que el mayor honor es tenerla a ella como hija... puff, ahí se me saltan los lagrimones.

Y algo así me pasa aquí. Hugo es un niño sin infancia. Un niño que no ha tenido suerte en la vida y que intenta encontrar una salida a través de un supuesto mensaje oculto en el autómata. Esa búsqueda le lleva a encontrar una infancia y un amor que no tuvo. Se convierte en mago, consigue una familia que lo adopta, se siente feliz e integrado y supongo que esa es la parte que me reblandece un poquito. No puedo evitarlo.

Y también está la parte sobre el inicio del cine y como Méliès lo transformó en una nueva manera de contar historias. Hasta entonces eran imágenes sin ilación. Trenes entrando en la estación, trabajadores saliendo de la fábrica y cosas así. Méliès trabajó vendiendo caramelos en la estación de Montparnasse como cuenta el libro, olvidado del mundo.

Otra parte que puede influir es que yo no leí nada ni de niño ni de adolescente. Nada aparte de tebeos de Mortadelo y Filemón y Astérix. Cuento un poco de eso aquí. Y quizá es un déficit de lecturas juveniles que tengo que quitarme de alguna manera. Nunca he leído un libro juvenil aparte de la Historia Interminable o Momo o Fray Perico y su borrico o el Pirata Garrapata. Nunca tuve que leer un libro en el colegio hasta COU. Solamente leímos El Camino de Delibes en primero o segundo de BUP. Así que es posible que haya libros juveniles que sean mucho mejores que este, pero yo no los he leído. Mea culpa. Así que algo de búsqueda y descubrimiento o vuelta a una infancia inexistente sí que tiene este leer novelas infantiles. Hoy mismo me he comprado este libro en Amazon. Tranquilas que no os lo haré leer en el club de lectura!

Bueno, al final me he ido por los cerros de Úbeda (guiño traído por los pelos respecto a Muñoz Molina, no, no me matéis), pero así lo voy a dejar. Intentaré de nuevo hablar del libro en vez de hablar de mí. A ver si sale...

Enlace

miércoles, 15 de agosto de 2012

La invención de Hugo Cabret

Un críptico dibujo, un valioso cuaderno de notas, una llave robada, un autómata y un mensaje oculto del difundo padre de Hugo son algunas de las claves de un intrincado misterio.
Desde hoy, y hasta el próximo 15 de septiembre el libro en cuyo vericuetos nos vamos a internar, y te animamos a que nos acompañes, es La invención de Hugo Cabret del autor Brian Selznick que se inspiró para escribir, según él mismo nos cuenta, en un libro que:
contaba la verdadera historia de unos complejos autómatas a cuerda que fueron donados a un museo de París. La colección fue abandonada en un ático destartalado y, eventualmente, se tiró a la basura. Me imaginé a un chico encontrándose con máquinas rotas y oxidadas y, en ese preciso instante, nacieron Hugo y su historia.



Las reseñas las podéis encontrar, como siempre, en los correspondientes blogs y, a partir de aquí, para acompañarnos en este viaje dedícale las tres o cuatro horas que como máximo te va llevar leer esta historia.

Bichejo

Desgraciaíto

Livia

Carmen


lunes, 6 de agosto de 2012

Algunos comentarios kafkianos sobre DFW comentando a Kafka

Supongo que a estas alturas, si estás aquí, ya has leído a Kafka o, como mínimo, te lo sabes al dedillo y has oído hablar de lo kafkiano de El proceso y del pobre Gregorio Samsa que se convirtió en cucaracha/escarabajo/bicho tan repugnante que de lo repugnante que es ni siquiera lo pisas.

Pues bien, a David Foster Wallace, Kafka le parece gracioso, y, podemos decir muchas cosas sobre DFW (cof cof sórdido cof cof) pero es innegable que de literatura sabe mil veces más de lo que yo sabré en toda mi vida y, aunque podemos estar de acuerdo con él o no, analiza la literatura con la profundidad y el acierto que sólo puede dar una cultura descomunal. Y entonces se descuelga con:
Algo que a mí me frustra rotundamente cuando estoy intentando leer a Kafka ante estudiantes universitarios es que me resulta casi imposible hacerles ver que Kafka es gracioso.

Esta frase sacada del artículo me tiene tan patidifusa que aunque estoy de acuerdo con el fondo de análisis que hace sobre Kafka cuando dice:

Lo que afirmo es que la gracia de Kafka se basa en una especie de literalización radical de verdades que solemos tratar en forma de metáforas.

sigo sin ver gracioso a Kafka (aunque confieso que ha estado a punto de convencerme, es más, al leer este artículo sentía que si no lo encontraba gracioso era más por mi falta de sentido del humor que por Kafka... luego terminé de leerlo y recuperé la cordura) y me parece un tanto injusto para con sus alumnos que crea que la culpa es de las referencias que no tienen... porque él las sitúa en el espacio (alumnos americanos) pero yo tampoco las tengo: estuve en casa de Kafka unos 10 minutos y me gustó tanto Praga como detesté a sus habitantes, soy del mismo continente etc, etc pero no veo la cosas a su manera y eso me parece un síntoma de salud mental, con todos mis respetos... pero, vistos otros artículos de DFW puedo entender ya no la admiración que sentía por su manera de escribir sino una cierta sintonía entre ambos autores en la medida en la que, sin saberlo, DFW hace a su manera lo mismo que Kafka, no literaliza radicalmente las metáforas, pero no censura nada en su escritura y es capaz de situarse en un plano tan ajeno a lo que cuenta que todo es sorprendente y consigue que el lector sienta esa misma otredad ¿no es el mundo del porno una metáfora del submundo de lo sórdido como el bicho de La metamorfosis? ¿no es Kafkiano lo que vive en con McCain, el festival de las langostas o el mencionado mundo del porno? 

Kafka se sentía ajeno a todo, DFW también; el primero, para transmitirlo al lector usaba esa literalización radical de las metáforas (en las que lo repugnante era explícito), el segundo nos muestra un mundo en constante estado de perplejidad donde lo más sencillo es absolutamente sorprendente.

En definitiva, al terminar el el libro volví a este artículo y me pareció que, sin saberlo y sin pretender en ningún caso ponerse a su altura, DFW estaba analizando su propio estilo o, mejor dicho, su propia manera de ver el mundo o, lo que es lo mismo, ¿es Kafka usado como metáfora de DFW?

viernes, 27 de julio de 2012

CÓMO TRACY AUSTIN ME ROMPIO EL CORAZÓN


Quisiera empezar este post hablando de Leo Messi y de Cristiano Ronaldo, consciente de que en un blog dedicado a la lectura este comienzo es casi una invitación al abandono. Pero son grandes deportistas, estrellas rutilantes del final de cualquier telediario - y a veces del principio de alguno -, de los que todos nos hemos preguntado alguna vez por su vida, su personalidad, su infancia, sus recuerdos, sus emociones, sus vivencias. Sí, todos, y no sólo los aficionados al deporte. Porque un deportista trasciende a su profesión desde las olimpiadas griegas y se convierte en héroe y, en nuestra época, en un ídolo de masas que llena estadios, ocupa buena parte del share televisivo y vende la colonia que usas y el utilitario que conduces aunque no te interese para nada el fútbol. Y sin embargo ¿Qué puede dar de sí la biografía de Leo Messi, un individuo que no sabe colocar tres frases seguidas con sujeto y predicado y que sin embargo sabe regatear a uno, tres, cinco contrarios con una pelota entre los pies a una velocidad vertiginosa en un estadio abarrotado por 80.000 gargantas que corean su nombre? ¿Qué puede dar de sí la biografía de Cristiano, que hace virguerías parecidas a las de Messi aunque con un perfil de personalidad más alejado de ese erial cognitivo pero más próximo al de un chulo de barra de un burdel con pretensiones? Todo lo que nos puedan contar que se distancie un poco de sus hazañas en los estadios no puede tener el menor interés, no ya sólo en sí mismo, sino sobre todo en comparación con las gestas deportivas de las que son capaces cuando entran en competición con los de su especie. Y sin embargo, esta gente “escribe” libros sobre su vida, y son libros que se venden mucho…
En Hablemos de Langostas, David Foster Wallace aborda el libro de la biografía de Tracy Austin (Beyond Center Court: My Story) para contestar a la pregunta anterior con ciertas prevenciones, y para decepcionarse luego hasta el punto de sentirse estafado. Y por medio, nos deja algunas pistas abiertas que comentar.
En primer lugar, la inanidad de estos personajes, la falta de interés de sus vidas y la pobreza de sus reflexiones. Ningún apunte original en su pensamiento, nada que nos permita creer que se trata de gente con la que puedes pasar una tarde divertida o compartir una cena interesante, y eso a pesar de haber vivido momentos extraordinarios que pocos seres humanos pueden aspirar ni siquiera a ver de cerca, y ya no digamos a vivir en persona. Lugares comunes, obviedades de parvulario, simplismo y superficialidad, o directamente, bobadas, eso es lo que destila el libro de Tracy Austin si seguimos a DFW. Es verdad que no hay que esperar de estos deportistas una toma de posición, no sé, sobre la influencia de Aristóteles en la cultura vikinga, pero sí al menos algo de interés en sus vidas, algo que les ponga a nuestra altura, aunque sea bajita, un rastro de humanidad a la hora de entablar una conversación que no se limite al horario de un supermercado. Y no lo encuentra, a pesar de tener delante gente de mundo, personas viajadas que se han cruzado a lo largo de su carrera con grandes personajes de la actualidad y de la Historia, tipos encaramados al top social y que viven rodeados de celebridades. Yo creo que esta falta de riego cerebral no sólo se aprecia en las intervenciones públicas de Tracy Austin o de cualquier deportista, sino que la encontramos en toreros, cantantes y en cualquier farandulero (”…los grandes atletas suelen resultar pasmosamente incapaces de hablar sobre esas cualidades y experiencias que constituyen lo fascinante de sí mismos…”), pero son personas que han desarrollado otro tipo de inteligencia, que puede ser musical, cinética o escénica, o sea, una inteligencia no como la que tenemos tú o yo, que somos gente corriente sin un don o talento extraordinario, sino como la que tienen ellos, los “best in class”, los mejores en lo suyo pero sólo en lo suyo. Y lo suyo no es lo nuestro, porque ni tú ni yo jugamos al tenis, ni conseguimos batear una bola (no ya para mandarla fuera del estadio de béisbol, sino sólo para darla). DFW deja entrever la teoría de la inteligencia múltiple, yo creo que con cierta lucidez, aunque termina abandonándose a la atribución de inteligencia sólo en el caso de la expresión verbal, y la termina echando en falta no tanto en Tracy Austin como en el negro que escribe una biografía a todas luces decepcionante, con reproches nada velados al hecho de no haber dedicado su cerebro a estos menesteres del escribir. Pero DFW no es un lector normal y, aunque lo reconoce reclamando lealtad hacia el lector (él, entre otros), busca las causas de las superventas de estos libros en cuestiones un poco esotéricas sin entretenerse en analizar el público poco exigente, yo diría que semi analfabeto, al que se dirige este tipo de libros, y no critica en el fondo lo que yo creo que es la causa de que se escriban esos bodrios y se vendan como churros: la misma superficialidad que sus protagonistas. ¿Pero qué esperaba DFW encontrar en Beyond the court?
DFW nos presenta a una Tracy Austin como un juguete que se rompió, con una personalidad mal resuelta y con una vida real que se esconde al lector, disimulada para no romper el mito, pero que se adivina tortuosa y con algún que otro episodio sórdido y vergonzante. ¿Será esto verdad o sólo es un subterfugio de DFW para no romper el mito de su tenista adorada, su propio mito, y cargar las tintas en el pobre negro que escribe por encargo? Yo no lo sé, no conozco personalmente a Tracy Austin (ni al negro), pero me da que la vida de Austin fuera de las pistas de tenis fue tan vulgar y corriente como parece y no una tipa literariamente interesante, que es como creo que la quiere imaginar DFW. Y es que el autor no esconde su fascinación por el personaje, o más concretamente, por la precocidad del personaje, algo que a mí sin embargo me deja completamente fría (esto está escrito en el 94, y desde entonces, los niños prodigio aparecen como las setas, tal vez por aquello de que hay una generación dispuesta a vivir de sus padres hasta que pueda empezar a vivir de sus hijos).
Otra reflexión en la que me he fijado para comentar tiene mucha mejor pinta que las anteriores, aunque parte de la misma premisa: los deportistas son anormales. Y no hay que entender esto como algo peyorativo, ni mucho menos: me parece evidente que es una anormalidad correr cien metros en 10 segundos. Y no digamos en 12 si te ponen un montón de vallas por el medio. Pero la razón de la anormalidad que nos propone DFW está en otro sitio, me parece a mí.
Se trata de la objetividad a la hora de juzgar la excelencia. En el deporte esto es factual, estadístico, aquí no valen las componendas ni las ambigüedades. O citius, o fortius o altius, y no hay más cáscaras. Y cuando intervienen los jurados (en el caso de la gimnasia rítmica, o de la natación sincronizada) entonces es porque hay un componente artístico. Pero incluso todo eso está tasado: tantas volteretas, tantos remojones, tantos lanzamientos de maza al techo. Claro que intervienen las emociones, porque DFW no pasa por alto la “belleza trascendente que hace que Dios se manifieste con forma humana” (cuando “Jordan flota en el aire como una novia de Chagal” – en una de las imágenes más cursis de todo el libro y posiblemente de toda la literatura deportiva), y que hace que el deporte tenga una doble emulación: la física y medible y la estética y admirable. Pero en fin, no nos despistemos: aquí el mejor es el que corre más rápido, el más resistente o el que salta más alto con y sin pértiga, y para dilucidarlo tenemos que usar un cronómetro o el sistema métrico decimal. Aquí los cuñados, los primos o los vecinos pintan poco. Puede influir la oportunidad, sin duda, pero qué maravillosa competición aquella que está sujeta “en todo momento a registros estadísticos públicos”. DFW nos dice que “los atletas nos fascinan porque apelan a nuestras obsesiones gemelas por la superioridad competitiva y los datos fríos”. Es el mundo de la excelencia, del esfuerzo, de la constancia, de la superioridad natural y del triunfo objetivo y merecido. Eso es lo que nos fascina porque nosotros, que también somos los mejores en lo nuestro, no vivimos allí sino en un lugar en el que, cuando uno levanta el dedo para decir “yo soy el número uno”, tal vez lo que está indicando es que es el más pelota, el trepa más tóxico o un simple amiguete con deudas por cobrar. Y no nos engañemos: el sosiego que buscamos, ese truquillo para evitar que los mediocres se interpongan entre el éxito y nosotros, esa neutralidad de juicio no se encuentra ni en las memorias de un deportista de élite ni siquiera, y pido perdón por la boutade, en las páginas de la Biblia.
Os dejo con dos citas para que no se diga, una del principio y otra del final del artículo "Cómo Tracy Austin me rompió el corazón":
Esto es lo que dice Beyond Center Court sobre el primer set de su final contra Chris Evert en el Open de Estados Unidos de 1979: “Con 2-3 en el marcador, le rompí el servicio a Chris, luego ella me lo rompió a mí y yo se lo volví a romper, así que íbamos 4-4”
Es posible que los espectadores, que no gozamos de un don divino para el deporte, seamos los únicos capaces de ver, articular y animar la experiencia de ese don que nos está negado. Y que aquellos que reciben y ejecutan el don de la genialidad atlética deban por fuerza ser ciegos y mudos acerca del mismo: y no porque la ceguera y el mutismo sean el precio a pagar por el don, sino porque son su esencia.

martes, 24 de julio de 2012

Arriba, Simba

Iba a poner una foto de McCain, pero DFW es más mono
Creo que es el artículo que más me ha gustado, aunque me he reído mucho en su desesperación por las memoria de Tracy Austin. Sólo conocía de McCain aquella cagada monumental que hizo en 2008 fichando a una hasta entonces desconocida gobernadora de Alaska para que le acompañara en ese desastre de campaña en la que Obama acabó ganando la presidencia de los USA (para pasarse tres años haciendo no sé sabe muy bien qué y justo en pre-campaña cambiar la Seguridad Social estadounidense...muy epic)

En este artículo DFW ya nos dice desde el principio que es un encargo de Rolling Stone, que tampoco es que sea la revista más profunda del quiosco. Además, es obvio que él es un tipo de izquierdas, todo lo de izquierdas que puede ser un americanito, que es como ser aquí de centro, que no se nos olvide.

Plantea miles de cuestiones, como siempre, no sería él si no hace de cada cosita un debate interior (vivo con miedo pensando en el día cada vez más cercano en el que me voy a enfrentar a "La broma infinita")...pero algunas de esas miles de cosas son bastante interesantes, y las explica él mejor que yo

"Es difícil encontrar buenas respuestas a por qué a los Votantes Jóvenes les interesa tan poco la política. Esto se debe probablemente a que resulta casi imposible hacer que alguien piense concienzudamente en por qué no le interesa algo. El propio aburrimiento impide el cuestionamiento. El sentimiento en sí ya basta" Ea. Así de claro. Nos es mucho más fácil explayarnos sobre lo que no nos aburre, la pereza nos invade sólo de pensar en cosas que no nos interesan. El problema está cuando lo que no nos interesa es algo tan importante como la política.

"[...] ¿por qué estas multitudes desde Detroit hasta Charleston aplauden de forma tan salvaje a la simple promesa de no mentir?
Bueno, la razón es obvia. Cuando McCain lo dice, la gente no lo está aplaudiendo a él tanto como a la sensación reconfortante que produce creerle. [...] Porque nos han mentido miles de veces y duele que te mientan. [...] Resulta doloroso pensar que los aspirantes a servidores del pueblo entre los que uno está forzado a elegir son todos unos embusteros cuya única preocupación son sus intereses propios, y que están dispuestos a mentir de una forma tan atroz y con una cara tan seria que te das cuenta de que te consideran un idiota." Parecerá cursi, pero me parte el corazón un párrafo así, por el descreimiento que hemos acumulado todos en cada uno de los que nos representan, y más que representarnos, nos avergüenzan, a mí por lo menos (y a sus madres, seguro)

"[...]y Jim C. apremió a Rolling Stone (DFW) a no ser tan cínico como para rechazar de plano la posibilidad de que ambas cosas coexistieran - la autenticidad humana y la profesionalidad en la política - porque aquella era la gran paradoja tipo yin y yang de la campaña McCain 2000" Actualmente creo que ninguno seríamos capaces de imaginarnos que alguien así pueda llegar a existir. Vamos a ver, McCain es un republicano bastante rancio, pero durante todo el artículo se nota que al final DFW siente una especie de admiración por él, que le considera un tipo coherente e íntegro, y eso es mucho más de lo que se puede decir de muchos. Para mí demuestra también la clase de tipo que era DFW porque no creo que tuviese ni media idea en común con McCain.

"[...]Podemos votar por ellos, igual que podemos ir a comprar pasta de dientes. Pero no nos inspiran. No son reales. Tampoco es cuestión de mentir o no mentir. Todo el mundo sabe que el mejor márketing usa la verdad: a veces una marca de pasta de dientes realmente es mejor. Esa no es la cuestión. La cuestión, en lo que respecta a los líderes, es la diferencia entre simplemente creer A alguien y creen EN ese alguien. 
De acuerdo, todo esto es un poco simplista. Todos los políticos venden, siempre lo han hecho FDR y JFK y MLK eran grandes vendedores. Pero no es lo único que eran. La gente lo olía. Olía ese pequeño algo más" No hay que olvidar que estamos ante la precampaña del año 2000, las Torres Gemelas seguían en pie y el fervor americano seguramente no estaba pasando por su mejor momento. Plantea aquí el tema interesante del liderazgo...os imagináis que aquí surgiera un líder así? Me juego unas gambas en Guadarrama a que en menos de seis meses le tildaban de "salvaespañas" o íbamos camino de tener nuestro propio Führer. (igual exagero un poco, pero el caldo de cultivo está ahí, estamos seguramente en el momento más cínico de nuestra historia reciente...que gente más estudiada y lista que yo compare un poco la situación con la de Alemania a finales de los años 20 y principios de los 30)

"La cuestión de si es de verdad ES REAL ahora ya no depende tanto de lo que hay en el corazón de McCain como de lo que puede haber en el de ustedes. Intenten permanecer despiertos" Obviamente, siendo como era un cínico en el fondo, no puede evitar terminar cuestionándose todo lo que ha visto...y haciendo que nos lo cuestionemos. 

Repito, es el artículo (junto con el diccionario, que dejaremos a Livia que lo destripe, que para eso es filóloga) que más me ha gustado. Yo, que leo mucho por puro entretenimiento, me estoy revelando como una lectora de las que también disfruta pensando. Y me gusta eso. Y es algo que ha conseguido DFW, así que tenemos que quererle mucho.